01/11/2009

Libro: "Medio sol amarillo", de Chimamanda Ngozi Adichie

He terminado esta novela triste, porque es una novela sobre la guerra, las penurias que los seres humanos nos podemos llegar a causar mutuamente y porque se basa en uno de los primeros acontecimientos de salvajismo en África, con las potencias coloniales en la base, en la raíz de todos los problemas, como hilo conductor de las guerras que desangran aún aquel continente.

Biafra es el nombre que tomó la región sudoriental de Nigeria cuando en 1967, y a raíz de la represión que Lagos ejerció en respuesta a un golpe de estado gestado por militares igbos -biafreños- decidió escindirse de Nigeria.

El libro comienza unos meses antes, describiéndonos sucintamente la vida de dos o tres familias de la clase media-alta nigeriana, igbos como la mayoría de los que controlaban el comercio del país, siendo así que los ingleses habían decidido que el gobierno estuviese en manos de los hausas y yorubas del Norte de aquel otro país inventado en Londres para atajar los intereses franceses. Mientras el Norte era musulmán, el Sur -Biafra- tenía una cultura católica, aunque el libro nos muestra claramante que la "fé" era cristiano-animista, sobre todo en las enormes y paupérrimas zonas rurales.

Los personajes de la novela son Odenigbo, investigador en la Universidad de Nsukha, Olanna su compañera, Kainene la hermana de ésta -ambas hijas de una familia de ricos comerciantes nigerianos, ya mal avenidos-, Richard, el compañero inglés de ésta y Ugwu, el criado de Odenigbo y Olanna.

Me ha parecido una novela extraordinaria para comprender los efectos de la guerra sobre las personas -cómo algunos pierden la nobleza, otros el equilibrio emocional, muchos la vida-, y sobre la sociedad -cómo de un entorno occidental en que la clase alta se junta en casa de Odenigbo cada noche para debatir y escuchar música "high life" se puede pasar a vivir y morir en un campo de concentración-.

Biafra se recuerda en Occidente por las matanzas y la hambruna. Se habla de un millón o más de muertos. Chimamanda no nos muestra ninguna gran matanza, sino de los abusos concretos que sufren personas concretas, aunque no de forma puntual. Y no hay buenos ni malos. Sobre todo, no hay buenos, o nadie que lo sea permanentemente. Quizás habría que recalcar el énfasis que transpira toda la novela en la fé que mantenían los biafreños en que ganarían la guerra, pese a no obtener más que cinco reconocimientos de otros países y desde luego muchísimo menos armamento que la mimada Nigeria: ningún país en África quería ver cómo una aventura secesionista prosperaba.

M@k, el Buscaimposibles

 

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22/10/2009

Libro: "La conjetura de Poincaré", de Donal O'Shea

Ayer finalicé la lectura de este excepcional libro. Casi no sé por dónde empezar a "recensarlo".

Sé que lo compré por tres motivos: el tema -me apasiona la matemática-, el personaje del título -vereis: los primeros años de carrera no dejaba de leer algunos libros de la Colección Austral que estaban en la Biblioteca del Campus de Lejona, y unos cuantos eran de Poincaré: quedé prendado de su forma de escribir, y así averigüé que las semillas de la relatividad estaban sembradas un poquito antes de la excelente aproximación definitiva de Albert Einstein- y el personaje que ha resuelto dicha conjetura, ahora ya ley -Grigori Perelman, a quien ya hemos citado por aquí, junto a Plutón. Que el autor comience y finalice el libro con la conferencia de matemáticos de Madrid en el 2006, o que Martin Gardner trate el libro de "maravilloso" en la propaganda de la portada, o que "adore" la colección de "Libros para pensar la Ciencia" que acoge éste, son sólo aditamentos, pero también ayudaron a la adquisición.

No me arrepiento en absoluto. Si hace veinte años hubiese leído este libro -algo obviamente imposible, pues aún no se había comenzado el ataque finalmente correcto a la conjetura- en lugar de los de Einstein sobre la relatividad, habría entendido prácticamente lo mismo, pero hoy estaría intentando ser matemático en lugar de físico (y estaría en la misma situación, sí, porque lo que está demostrado para un tiempo, que mi mente no es apta para la creación científica, lo es en todos los multiversos posibles [es un invariante :P]).

No voy a resumir todas las aproximaciones que se han realizado para comprobar si la conjetura de Poincaré -dejada como por casualidad al final de su último gran artículo sobre topología y afirmando que no lo afirmaba con rotundidad porque no veía forma corta y correcta de demostrarlo-, sólo diré que Poincaré es iniciador de muchas ramas de las Matemáticas que han servido para comprender mejor la topología (el estudio de la forma global del Universo, muy grosso modo, porque en realidad "universo" aquí es algo mucho más genérico, como corresponde a las matemáticas). La aproximación al problema que, con la fuerza de los resultados "laterales" de todos los demás ataques, ha terminado por resolver la cuestión es la de las ecuaciones diferenciales parciales. Muy por encima, lo que Perelman demuestra -y de cuyo resultado se deduce de forma lógicamente correcta la conjetura de Poincaré- es que un objeto matemático, el flujo de Ricci (conectado directamente con los tensores clave de la Relatividad General, y que describe hacia dónde se mueve la curvatura de lo que estemos estudiando) no se rompe, no se hace infinito en valor absoluto cuando nos acercamos a un punto donde podría pensarse que eso ocurre -una singularidad- porque es un objeto que conecta el universo a escalas diferentes, y esa conexión hace que el objeto geométrico donde la curvatura parece que se hace infinita se pueda descomponer matemáticamente en objetos -mapas- "suaves", sin agujeros, y que "cubren" de forma perfecta el objeto inicial. Es una aproximación muy interesante para la Física, porque si el Universo es uno de esos objetos geométricos y "fuese como una esfera" (concretamente una 3-variedad) resultaría que no habría singularidades de su curvatura cerca de los agujeros negros, por ejemplo, la topología del Universo allí crearía "hojas" tridimensionales  porque el flujo de Ricci al final lo que hace es aplanar -disminuir la curvatura de- la variedad. Sé que no lo explico realmente, pero créeme, estimada persona ahí delante, mientras leía el libro me parecía entenderlo.

No requiere la lectura de este libro grandes conocimientos matemáticos, y a cambio de los pocos que se precisan dota al lector de inagotables datos históricos con la evolución de las matemáticas desde la Antigüedad hasta nuestros días, y es que la topología hunde sus raíces en los postulados de Euclides, concretamente en el quinto y las famosas paralelas, aunque en el siglo XIX se dieron cuenta por un lado de que ese postulado requiere de una geometría para cumplirse (y que hay otras donde no se cumple) y por otro de que su mismo enunciado, y todos los equivalentes, debía mejorarse desde el punto de vista del rigor matemático. Pero desde Gauss, Riemann, Lobachevski y Bolyai, Klein, Poincaré, los matemáticos alemanes alojados en Estados Unidos, y finalmente Perelman, hay una línea histórica continua de lucha por averiguar la respuesta una pregunta tan aparentemente sencilla como "¿Qué forma tiene el mundo?". Todos esos baluartes del conocimiento matemático humano tienen un espacio en el libro para su vida, sus obras y sus circunstancias, y la obra entera se puede ver perfectamente como un relato histórico de la evolución de las matemáticas, incluso en detalles como el funcionamiento de las universidades, algo que me ha resultado muy gratificante.

Un libro, por tanto, muy recomendable, pero sobre todo para los que conteis con una buena visión tridimensional, hay unas cuantas páginas totalmente "topológicas" que me han costado, o que simplemente me he creído :)

El libro cuenta con varios apéndices finales muy útiles, con datos históricos sistematizados sobre los matemáticos y los conceptos desarrollados en el libro, que pese a lo que pueda parecer por mi resumen, sobrepasa por poco las 300 páginas.

M@k,el Buscaimposibles

29/09/2009

Libros que conectan personas

Este mediodía he tenido una excelente comida y aún mejor charla -en una amplia sobremesa, vergüenza me da casi decir el tiempo que lo he mantenido entretenido- con Mikel Agirregabira.

Hay quien se ha sentido mejor en la CAV después de dicha comida, dados los muchos asuntos y problemas que hemos arreglado de forma altruista para la población, pero nosotros a lo que íbamos era a comer, charlar e intercambiar libros. Iñaki Murua también nos iba a acompañar en un principio, pero al final sólo ha aportado a la tercera componente del vector que nos conducía, y si yo he dejado dos libros, al final he recibido ¡cuatro!, aunque eso sí, el peso se ha reducido, y es que el que le he dejado a Mikel pesa lo suyo.

Mikel ya había pensado y hasta dado un nombre al conjunto del asunto, o al menos al evento, "Friend Book Crossing", un BookCrossing un tanto menos libre o menos "dejado" que el que lleva dicho nombre, y finalmente yo he iniciado un wiki donde ir haciendo red telemática de la concatenación de redes que el invento puede ocasionar si tiene algún éxito.

Se trataría de intercambiar libros con gente que conoces, "gente real life", pero con el aditamento de que el libro que dejas, pueda iniciar su propio viaje con otras personas, y así poder dibujar una cierta "historia del libro". Si las personas que lo reciben tienen blog y comentan los libros que leen, yo lo veo como una especie de nueva capa social basada en el libro, en un interés común por la lectura -al menos- y hecha de opiniones, aventuras y saberes de gente real.

Seguro que alguien podría inicar una red social al uso con todo esto (¡hacedlo!, me encantaría), pero me da la impresión de que en esas redes se pierden precisamente esos enlaces de afecto o cariño que orlan nuestras relaciones en la vida real. Pero las herramientas de la web social permiten visualizar, o mejor dicho, ayudan a imaginar ese exoesqueleto del "libro" considerado como un "ser social" que sigue una ruta, un itinerario, en principio conocido, pero sin final definitivo. Y para esa ayuda está este nuevo wiki, que yo imagino así, pero que está para ser modificado, pero, sobre todo, completado con las "historias" o también "líneas de universo", de vuestros libros:

http://friendbookcrossing.wikispaces.com/

Yo me pregunto, ¿será esto "cultura" incluible en kulturklik.net?

Animaros, me parece un proyectillo con muchísimas bondades potenciales.

M@k, el Buscaimposibles

(Aquí la crónica de Mikel).

12/09/2009

Libro: "A de adulterio" de Sue Crafton

Hacía bastante tiempo que no leía de este género literario que llaman ligero y banal, pero que en cierto sentido es muy profundo, pues escarba en algo que parece no tener fondo, la capacidad de las personas para hacer mal. Grafton iniciaba con este título un largo "abecedario del crimen" con su personaje Kinsey Millhone como alter ego de sí misma y como protagonista poco habitual de un género en que todos nos imaginamos más fácilmente a un hombre que a una mujer. Nostra culpa.

Millhone es una detective de poco más de treinta años pero bastante experiencia profesional y vital a sus espaldas. Vive sola, yo diría que no se alimenta bien (¿a quién le pueden gustar las almejas con ketchup?) a juzgar por la de días de los dieciseis que le dura este caso que se le olvidan las comidas del día. Ella misma admite que salvos momentos concretos de su vida, la prefiere pasar lejos de hombres, pero en este caso / libro, la vemos en una aventura con el que fuera compañero de bufete del asesinado presuntamente por la mujer, Nikki, que al salir de la cárcel donde ha estado por aquel crimen, contrata a Millhone para demostrar su inocencia, ocho años después.

Un caso difícil, sin pruebas ni rastros a estas alturas de la vida de las personas implicadas, pero en el que Millhone empieza a descubrir que todos los relacionados con el asunto le ocultan cosas.

Es un libro con mucho trabajo mental por la detective y sin apenas acción, en el que los nombres de edificios y calles (California, Nevada) vienen traducidos, algo que produce un cierto choque después de tantas películas y series vistas donde no.

Seguiremos la serie, a ver qué nos enseñan con la B: aquí hemos aprendido que espolvoreando adelfa machacada puedes causarle un mal a alguien. Esto, ¿qué es una adelfa? :P

M@k, el Buscaimposibles

26/08/2009

Libro: "Mujeres pensadoras. Místicas, científicas y heterodoxas"

Éste es el cuarto libro que me he leído el mes casi completo que he pasado en Cáceres. Completa por lo que parece una trilogía, a la que espero acceder cuando cumpla la multa "millonaria" en días en la Biblioteca de Irún, en la cual la autora, Vicenta María Márquez de la Plata y Ferrándiz, escoge una serie de figuras femeninas, en el caso de este libro a caballo entre los siglos XVI y XVII de los diversos territorios que entonces conformaban España, y nos muestra que la Historia es un tanto diferente a como la suponemos los legos, pero también que había mujeres que destacaban por sí mismas en aquellas Españas.

Como dicen en la ficha que su editorial dedica al libro:


"La obra se centra en las vidas de Sor Luisa de la Ascensión, "La Monja de Carrión", defensora del Dogma de la Inmaculada Concepción; María de Cazalla, predicadora y erasmista; Lucrecia de León, oniromante y visionaria; Blanca Méndez de Rivera y sus cinco hijas criptojudías; Oliva Sabuco de Nantes, médica y filósofa; y Elena de Céspedes, la primera mujer cirujano."

 

Es de agradecer que la autora no haya elegido el camino del sensacionalismo para promocionar el libro a través de su última protagonista, porque lo cierto es que por encima de su condición de cirujana, la primera de Europa, en su parte del libro lo que más abundan son las consideraciones sobre el hermafroditismo u homosexualidad de Elena / Eleno Céspedes. Un intento de que valoremos a sus protagonistas más por sus habilidades y cualidades que por su naturaleza.

El libro es un trabajo académico, muy bien documentado, pienso, con un hilo conductor: todas las protagonistas se topan e incluso dan con sus huesos en las cárceles de la Inquisición, y la autora nos describe muy bien cómo se desarrollaban aquellos "procesos judiciales" (por darles algún nombre, porque la arbitrariedad era extrema) y el funcionamiento de la funesta institución. La cuestión es que por sus logros, rumores sobre ellas o hechos consumados, todas esas mujeres iban adelantadas a su tiempo y sociedad, y constituían una amenaza para los estamentos y valores sociales establecidos. Y en aquella época, quien "se encargaba" de tales "anomalías" era la maquinaria, al final más recaudatoria y reaccionaria que otra cosa, de la "Santa" Inquisición.

M@k, el Buscaimposibles

24/08/2009

Libro: "Memoria de Euskadi", de María Antonia Iglesias

María Antonia Iglesias es una conocida periodista y últimamente "tertuliana" en "magazines" televisivos, y ha elaborado este voluminoso libro invitando a los protagonistas de la misma a explicar desde su punto de vista la Historia reciente del País Vasco, desde la política. Pese a sus más de mil trescientas páginas, el llibro está incompleto, ya que nadie de la izquierda "abertzale" fuera de Aralar ha querido / podido responder a las preguntas de María Antonia.

Mi resumen, político por político, de más de veinte folios, tampoco es completo, ya que me ciño a la treintena de políticos en que se centra el libro, y no hablo ni de los filósofos que lo prologan, ni de los cuatro políticos que muy brevemente ponen su colofón a la obra. Lo que sigue, disponible también en PDF a través de FileSocial, es un resumen sumamente personal y subjetivo, en el que  he mezclado lo leído con lo recordado y con mis propias emociones. Si alguna conclusión puedo sacar es que vaya panda de políticos nos hemos echado a la cara: entre etarras, violentos, ciegos emocionales, egoístas, manipuladores, envidiosos, mesías, endiosados, cínicos,..., prácticamente se salvan sólo los que han decidido salir de ETA. Que cada cual juzgue si lee el libro, que es muy explicativo de algunas cosas, pero pienso que es un libro más para no vascos que para gente que lleve aquí toda su vida. Aquí va el "resumen":

José Félix Azurmendi

El libro de María Antonia Iglesias propiamente dicho comienza con la entrevista a este militante de la primera ETA. Permaneció en dicha organización hasta antes del primer asesinato, haciendo propaganda política, pero en el 67 se exilió a Venezuela.

Azurmendi hace una descripción del nacionalismo en el exilio, así como de la evolución de ETA, sus escisiones, corrientes internas, etc. y de los abundantes partidos vascos de los primeros años de la Transición (que Azurmendi cree que es un proceso guiado desde Estados Unidos para evitar un Mediterráneo de izquierdas).

En lo personal, al regresar a España se encarga de dirigir el diario Egin del 80 al 87, y desmiente que su salida del periódico fuese debida a su crítica del sangriento atentado de Hipercor: ya antes se había mostrado como un periodista independiente (dentro del abertzalismo de izquierdas) y criticado algunos actos de ETA, como atentados en que moría gente “por error” y que la organización terrorista no admitía o incluso negaba haber cometido.

Finalmente, realiza una alabanza, que comparto, de Aralar y Patxi Zabaleta, pero señala que el Estado español carece de legitimidad para mucha gente por su historia. Sobre esto, no podría estar más en desacuerdo. Precisamente que pueda decir algo así da muestra de lo legítimo que es este estado de derecho que, con todas sus imperfecciones, es infinitamente mejor que el destino que ETA desea para el País Vasco, y, en mi opinión, intrínsecamente mejor también que la “nación vasca” basada en etnicismos que Azurmendi y otros desean. La legitimidad de un estado no depende de su pasado únicamente (estados democráticos) sino del quehacer político de sus ciudadanos.


Teo Uriarte

El segundo entrevistado es Eduardo Uriarte, también miembro de las primeras fases de ETA, y condenado a muerte en el Proceso de Burgos. Pasa al embrión de lo que después sería Euskadiko Ezkerra (EE) y mantiene estrecha relación con Mario Onaindía y otros históricos de ETA, mientras los años de plomo, los asesinatos de policías delante de sus hijos y finalmente los de políticos, le van inclinando progresivamente contra los terroristas, llegando a entrar en el PSOE cuando EE se sumerge en dicho partido para formal el PSE-EE de la actualidad.

Su relato confirma desde dentro los desacuerdos entre “polis” y “polimilis”, las dos corrientes históricas de ETA que dan lugar a la ETA actual y a la izquierda vasquista, respectivamente. Uriarte participó activamente en la “educación política” de los segundos huidos en Francia durante los primeros años de democracia en el País Vasco. Es curioso un pasaje en el que afirma que Arzalluz, del PNV, le torpedeó sus logros al decir a aquellos activistas que el Estatuto de Autonomía aún estaba lejano -el Estatuto, las leyes para el Parlamento Vasco o la ETB eran las bazas de Uriarte para conseguir que volvieran a España y les afectase la amnistía-, con lo que se podía llegar a entenderse que su permanencia en la lucha armada era deseada por el dirigente nacionalista.

Uriarte se acerca a las posturas del PP, la FAES o el Foro de Ermua cuando su propia familia recibe la inquina de HB en Mundaca, pero no llega a entrar en esa órbita de la derecha vasca constitucionalista, pues pese a confesarse traidor (a ETA, a sus partidos cuando veía que iban por mal camino,...) dar ese paso lo convertiría en converso, algo con un cariz demasiado religioso para su gusto.

Uriarte es andaluz de origen, y sus comienzos en ETA los acompaña el caldo de cultivo religioso del momento, y que fuera un amigo suyo en la organización quien le invita a unirse en una fase en que ETA era obrerista, en lugar de que lo hiciera algún otro que militase en el PCE: la primera ETA no era marxista-leninista, sino profundamente religiosa. Un punto en el que coincide con el protagonista anterior: llega un momento en que la fe en Cristo es sustituida por la “fe” en el nacionalismo.

Uriarte lleva su vida por un camino marcado por diferentes reconocimientos de que “aquello” no marchaba como él deseaba. Supongo que en el resto de este amplio libro habrá varias figuras parecidas.


Marcelino Oreja

Este político de derechas, de amplia trayectoria y abundantes cargos autonómicos, nacionales y europeos, inicia su relato con el asesinato de su padre por sindicalistas de UGT en 1934, quizás como muestra de las divisiones que siempre han aquejado a los vascos como españoles, pero también tal vez para señalar el origen de su posicionamiento político, a favor de los fueros y el hecho diferencial vasco, pero dentro de España y contrario al nacionalismo.

Oreja relata los problemas del primero de sus partidos, UCD, de cómo los persigue y asesina ETA, les gritan los militantes de Alianza Popular (extrema derecha de la que muchos años más tarde surge el PP) y les ningunean los cargos nacionalistas, desde Arzalluz hasta Garaikoetxea.

Oreja dedica buena parte de su discurso a atacar las acciones del PNV poniendo siempre cuidado en desmentir cualquier indicación de que el PNV y ETA sean lo mismo, pero dejando claro que le parece que desde los años noventa el PNV ha conectado emocionalmente con ETA. Marcelino Oreja intuye que eso les haya podido dar alas a los terroristas para seguir, y sitúa el punto de inflexión en el abandono de la unidad contra ETA que protagoniza el PNV poco después del conato de rebelión popular contra ETA que suponen las protestas por la ejecución de Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en Ermua.

La otra parte importante de su texto es para realzar la figura política de su pariente Jaime Mayor Oreja, al que alaba como descubridor de las trampas de ETA en sucesivas treguas y negociaciones, contra las cuales también parece estar en contra.

Las figuras de la derecha vasca no nacionalista siempre han estado rodeadas de un halo de maldad impuesta desde el dominio social del nacionalismo vasco, pero este señor fue el que negoció, desde el gobierno de Suárez, las leyes más importantes después del propio Estatuto, aparentemente con mayor deseos de éxito y profesionalidad que su interlocutor, el entonces lehendakari Garaikoetxea.


Carlos Garaikoetxea

El primer lehendakari de la democracia dedica sus escasas veinte páginas en el libro a fabricar una autovisión complaciente de su papel en las dos legislaturas en que permaneció en el cargo. Achaca el choque con Arzalluz que llevó a la escisión del PNV y la creación de Eusko Alkartasuna (EA), por un lado a la forma como se “construyó” el País Vasco en tiempos preautonómicos (él quería como capital de todo Pamplona, pero Navarra fue por otro lado y se tuvo que conformar con Vitoria para no perder también Álava) y al provincianismo de los cargos internos del PNV de la época.

Garaikoetxea se dibuja siempre en la mejor posición en las diferentes luchas que describe, sea con “Madrid”, sea con el PNV, sea con otros partidos, y toma una postura claramente victimista cuando se queja de lo mucho que le insultaban a él y al PNV durante los funerales de víctimas de ETA.

Describe su formación del primer gobierno vasco como un proceso lento ya que vistos los graves problemas (aparte del terrorismo) que sumían al país tras la dictadura, no dudó de que necesitaba al mejor para cada puesto. Precisamente sitúa en esas elecciones particulares los vientos que después desembocaron en la tempestad de su salida del partido nacionalista, y lanza una pregunta muy pertinente: vale que en tiempos sombríos y de dictadura todo el nacionalismo se tenía que aglutinar, dejando aparte otras tendencias, pero ¿por qué en democracia no podía haber un partido nacionalista que además fuese socialdemócrata?

Como siempre en aquella región de España (escribo esto en Monroy), los personalismos son lo que marcan los movimientos políticos, y con quién se va o se queda la gente. Después de las elecciones autonómicas pasadas, celebradas poco después de escrito el libro, nadie de EA puede ya fardar de sus siete parlamentarios en Vitoria, pero por encima de las insalvables diferencias que me separan de ese señor y su partido, ya digo que su pregunta es muy pertinente, y es una de las pocas preguntas del País Vasco en la que la respuesta no es ETA.


“Txiki” Benegas

El Secretario General del PSE habla en su texto de abundantes temas, no en vano ocupa el doble de espacio que su antecesor en el libro. Por resumir, los puntos principales son la explicación de que el PSE es un partido vasco, contradiciendo las campañas sobre su “españolismo” y sucursalismo, pero reconociendo a la vez la mezcla, y la existencia de familias e incluso talantes personales chocantes, como los propios de Benegas y Damborenea; el daño gravísimo del GAL al socialismo vasco, aunque Benegas explica que el GAL tiene una base franquista y una solución, un final, con los socialistas en el gobierno: nada de poder asociar al socialismo vasco con aquel grupo terrorista; la historia reciente del socialismo vasco, desde los tiempos en que no estaban implantados y aún compartían el gobierno vasco en el exilio con el PNV y otros partidos, hasta las diversas aventuras en coalición con otros partidos...

Benegas defiende su opción de no formar gobierno la vez que el PSE ganó las elecciones autonómicas al PNV, y la explica por el rechazo de la aún independiente EE a apoyarles con sus parlamentarios. Tampoco se arrepiente de la alianza con el PNV de Ardanza.

Al mismo tiempo que se queja amargamente de algunos pasajes de su relación con el PNV, no para de defender la figura política de Arzalluz, vista en una cierta globalidad, afirmando que no entiende su radicalización de los últimos tiempos.

Desmiente firmemente que el PNV y el nacionalismo vasco sean lo mismo que ETA, pese a reconocer que acciones más firmes de dicho partido podrían haber ayudado a deslegitimar aún más a ETA.

Por lo leído, parece claro que Ibarretxe es el personaje del nacionalismo más detestado, o menos comprendido, por Benegas, una figura clave en el renacimiento del socialismo vasco, aunque la figura de Garaikoetxea tampoco sale muy bien parada. A mí personalmente me resulta incomprensible e inaceptable que un lehendakari diga que las extradiciones de etarras condenados sean un genocidio contra el pueblo vasco. A medida que me adentro en el libro esa figura de los comienzos de la democracia en el País Vasco me va cayendo peor.

Sin embargo, la principal conclusión que saco del texto de “Txiki” Benegas es una afirmación sobre ETA: todos decimos que ETA es un reducto de la época franquista y que surge como contestación a la represión dictatorial. Pero Benegas nos hace notar que cuando se recrudece realmente la actividad etarra, el terrorismo, es cuando llega la democracia o cuando se logra algún avance positivo para el autogobierno.

 

Ramón Jáuregui

El ahora eurodiputado del Partido Socialista, Ramón Jáuregui, nos cuenta su versión de la historia del País Vasco por él vivida, y sus razones.

Es difícil resumir en unos pocos párrafos su abundante prosa, de más de cuarenta páginas. Hay abundancia de temas que se pueden calificar de importantes.

Por ejemplo, el Pacto de Ajuria Enea y el gobierno en coalición con el PNV, que Jáuregui cifra como la mejor época política del País Vasco; o su final, que él habría retrasado, aunque comprende la reacción de Redondo Terreros de salir de aquel gobierno con el Pacto roto y el PNV en abiertas negociaciones con ETA para forjar el Pacto de Estella.

Precisamente ese pacto es la gran traición que dice sufrir por parte del nacionalismo vasco. Después de diez años de negociaciones y cesiones mutuas continuas entre Jáuregui, Benegas, Ardanza y Arzalluz, el PNV realiza una lectura en clave nacionalista e independentista y asume las tesis de ETA para un frente “abertzale” que al ser mayoría en el País Vasco pudiese obligar a “Madrid” a cumplir lo que entre ellos decidieran, aunque ese pacto con ETA supusiese el “apartheid” político de los partidos “españoles” a cuyos militantes ETA empieza a matar con cada vez mayor frecuencia.

Jáuregui, con una forma de escribir que me ha gustado porque he creído reconocer su forma de hablar, se muestra como una figura siempre obediente al partido (es el partido el que le pide desde relanzar UGT en Guipúzcoa, a ser Secretario General del PSE, a pasar a Madrid... o a Europa, como se ha visto recientemente), pero que tiene, aparte de una habilidad para comprender siempre al contrincante o rival (como Arzalluz, o Eguiguren, o Damborenea, a todos los comprende y no sé si en cierto modo libra de ataques o incluso defiende), una buena capacidad de autocrítica, como la que hace de su propia labor como vice-lehendakari.

Aparte de por su estilo, el texto de Jáuregui me ha gustado porque explica, pienso que muy bien, las diferentes sensibilidades dentro del socialismo: la obrerista de la Margen Izquierda-Vizcaya (él es guipuzcoano, ¿habrá influido para que en lugar de ayudar con el primer gobierno socialista en Euskadi en democracia le hayan mandado a Europa?), el vasquismo “importado” con la incorporación de los miembros de Euskadiko Ezkerra que quisieron, y el socialismo guipuzcoano de fuertes raíces vascas, supongo que con otras más “sutiles”.

Por cierto, acierta de pleno en las últimas páginas con el análisis de lo que finalmente ocurrió con las elecciones autonómicas.


José Ramón Recalde

José Ramón Recalde es un señalado cargo socialista, miembro de aquel gobierno de coalición entre el PSE y el PNV, y víctima de ETA, quienes en un atentado le dispararon a la cabeza delante de su esposa, sobreviviendo milagrosamente.

Su explicación, por así decirlo, se centra en la parte de las ideas. La tesis principal de Recalde es que el nacionalismo puede que tenga una cierta hegemonía numérica, pero ni mucho menos la hegemonía cultural, pues hay numerosos grupos muy activos en la formación de la sociedad vasca los últimos años que no son ni nacionalistas ni del PNV. Precisamente de esa diferenciación, dice Recalde, nacen por un lado la tirria hacia el PSOE y una cierta melancolía por los “chicos” descarriados de ETA, y de ambas cosas, la sociedad que han intentado conseguir mediante el ibarretxismo, una sociedad nacionalista y basada en etnicidades, donde quienes no comulgan con esas ideas son “los otros”, o “ellos”.

Recalde es muy crítico con el PNV y Arzalluz, también consigo mismo, pues desde su evolución personal preferiría haber hecho algunas cosas de forma distinta. Frente a las personalidades anteriores del libro, critica a Suárez, a Ardanza -sólo imagen y por detrás el PNV duro y genuino- o incluso a Ramón Jáuregui (y él mismo, que en aquella época, aquellas dos legislaturas, es Consejero de Educación) por blando. Curiosamente ambos coinciden en que deberían haber “pegado un puñetazo en la mesa” en aquellos gobiernos.

La conclusión de Recalde en torno al nacionalismo, su desilusión y ruptura definitiva con el PNV no viene con su atentado -por el que dice sentir rencor, pero no odio, que es lo que afirma que sienten sus hijos), sino con la traición del PNV al espíritu ciudadano que surge en Ermua con el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Es cuando, dice, vio al PNV tal cual es, capaz de pasar por encima de una muerte para seguir su camino.

Si se puede destacar otra idea fuerte del alegato de Recalde es que durante el franquismo no es ni mucho menos el PNV o el nacionalismo los más perseguidos y reprimidos por la dictadura, sino precisamente el socialismo y el sindicalismo.


José Antonio Ardanza

El texto del ex lehendakari más valorado -desde luego por mí- es el más potente de los leídos hasta este punto. Hace una descripción de su mandato, de los pactos para gobernar con el PSE, de la naturaleza, bicéfala y con dos almas del PNV, y, por resaltar lo más importante, echa toda la culpa de la ruptura del Pacto de Ajuria Enea y el fracaso del Plan Ardanza, y por tanto del giro copernicano del PNV hacia el Pacto de Estella con ETA al aprovechamiento político que de las víctimas de ETA (sobre todo del asesinato de Miguel Ángel Blanco) comienza a hacer el PP con Mayor Oreja a la cabeza.

En mi opinión, sí, puede que la sucesión de los hechos fuese como dice Ardanza, realmente el espectáculo y utilización de la sangre que hace el PP de Aznar siempre me resultaron repulsivos, pero el afán exculpatorio hacia el PNV por su pacto con ETA que rezuma de las palabras de Ardanza no concuerda con la forma como yo viví el que el principal partido de la comunidad autónoma aceptase, meses después de haberse visto desbordado por el espíritu de Ermua, pactar con los asesinos y excluir de cualquier posibilidad de cooperación a los partidos cuyos políticos estaban siendo asesinados. El Pacto de Estella no era necesariamente la conclusión lógica de la ruptura -también a cargo del PP- del Pacto de Ajuria Enea.

Un pacto que pese a ser contra el terrorismo, Ardanza piensa que era para ir hacia la normalización, cifrada en el cumplimiento del famoso Estatuto de Guernica. Precisamente ese incumplimiento continuo por los socialistas es una de las razones de que se sintiese traicionado.

En mi opinión no aporta datos muy interesantes sobre sus compañeros de partido, pero mantiene una actitud de cariño hacia algunos cargos del PSE, y de clara rivalidad y desencuentro con las figuras del PP coetáneas a su mandato.

Lo que sí me parece interesante es cómo reconoce que para el nacionalismo vasco el lehendakari es una figura casi mítica, hasta el punto de estar por encima del gobierno vasco, y casi pareciera que por encima de todo y de la ley. Pienso que el País Vasco no será una sociedad moderna hasta que no se destierre esa forma de ver a los gobernantes, que no son dioses, ni pueden en democracia ser caciques ni figuras sagradas e inamovibles o de únicamente un partido, y junto a la sensación de asquerosa traición que me provoca aquel movimiento de Estella y subsiguientes de la mano de ETA del PNV, esa pseudodivinidad de lo que no es más que un gestor, administrador y servidor en una autonomía dentro de España lo que más me aleja y molesta del PNV.

Y eso que el que vino después de él fue insufriblemente peor, pese a -como el propio Ardanza en su día- no querer entrar al cargo.


Juan Manuel Eguiagaray

Otra intervención amplia y bien escrita de otro cargo socialista, Juan Manuel Eguiagaray, también muy crítico con el nacionalismo vasco. Analizando las concesiones que se hicieron en los tiempos en que se diseñaba la España post-franquista para que el nacionalismo vasco pudiera integrarse en el sistema, Eguiagaray concluye que la democracia española debería sentirse defraudada por la respuesta del nacionalismo, que sí, se ha integrado a su manera, pero que a cambio sigue sin ser capaz de realizar ningún gran gesto deslegitimador de la violencia etarra, por mucho que ellos mismos no sean ni proetarras ni pro-violencia. Eguiagaray apunta que señalar, por ejemplo, incumplimientos estatutarios entre atentados etarras configura una situación en que alguien al otro lado de la trinchera puede verse legitimado para seguir con los atentados. Más o menos es lo que piensa Eguiagaray, y no puedo menos que estar de acuerdo.

Sin embargo, lo que más distingue el alegato del político socialista de los de otros compañeros en el libro es su descripción de las “conversaciones políticas” que el Gobierno de España mantuvo con una delegación de etarras en Argel a finales de los años ochenta por medio suyo y de Rafael Vera.

La delegación gubernamental llegó sin saber muy bien qué se iba a encontrar y sólo con la idea preconcebida de que las conversaciones “serias” comenzarían cuando la otra parte mencionase por fin a los presos, precisamente el único tema en el que Felipe González, presidente del Gobierno en aquel momento, podía hacer algún movimiento. Sin embargo, y por lo que dice Eguiagaray, las charlas que mantuvieron con Antxon Etxebeste y otros dos etarras transcurrieron siempre en torno a un punto muerto, sacando ambas partes comunicados diarios, los etarras para hacer ver que eran interlocutores directos del Gobierno español, éste para desmentir lo que los otros decían que estaban negociando. Pero realmente no había negociaciones, y finalmente, tras tres meses auspiciados por el Gobierno de Argelia, Antxon recibe instrucciones desde Francia para romper la negociación.

Eguiagaray es desde aquel momento escéptico con las posibilidades negociadoras de ningún etarra: “nunca sabes quién está [realmente] al otro lado de la mesa”. ETA es un conglomerado de corrientes, sensibilidades y personalismos, con diferentes distribuciones en cada momento y en cada situación, y por tanto no es nada fiable con lo que negociar.

Eguiagaray apunta a la publicidad que recibe cada acto etarra la importancia desmedida de la organización terrorista, y cree que negarles esa publicidad y seguir presionándoles policialmente haría bastante por su desaparición

Damborenea, los GAL, Garaikoetxea y Ardanza son otros temas, menores en todo caso, ya que este político vasco siguió derroteros que lo alejaron de la política vasca.

Un texto bien escrito, parece menos una alocución personal a una grabadora que los de otros partícipes del libro, y que me ha gustado en el plano de las ideas que trata, lo he sentido muy cercano a mi propia visión de las cosas.


Txema Montero

Txema Montero escribe como miembro de Herri Batasuna hasta su expulsión de la coalición (“autoexclusión” lo llamaron, a raíz de un artículo después de Hipercor), y abogado de etarras también participante, como asesor de la delegación terrorista, en las conversaciones de Argel.

Enfoca su alegato desde un punto de vista personal: quiere explicar su motivación para la radicalización, cuyo origen sitúa como respuesta a la brutal represión de la Guardia Civil y el franquismo de finales de la dictadura hacia las personas de su entorno. Él, de familia diversa en lo político y en sus procedencias, sin apenas contactos con el nacionalismo tradicional ni siendo parte de los perdedores de la guerra civil, opta por militar -aunque no en ETA, por miedo- en su bando, sujeto momentáneamente a lo que después reconoce como un círculo “infernal” de acción y reacción.

Sin embargo, en este texto Montero da las gracias a los que le echaron de HB porque, dice, se ha dado cuenta de cosas de su país que dentro de HB ni tenía constancia de poder conocer, como que el mundo del euskera en modo alguno es patrimonio de ETA, o que puede haber figuras de otros partidos que le cayeran bien -Odón Elorza-, o que pueda trabajar de voluntario dentro de la Fundación Sabino Arana, cercana al PNV, que es el partido al que apoya en esta época de su vida.

Montero ofrece el contrapunto a Eguiagaray al describir desde su punto de vista las conversaciones de Argel, y es que, señala, tampoco la delegación etarra podía estar segura de quién estaba al otro lado de la mesa, ya que tenían constancia de movimientos en España por parte de personas cercanas o superiores a los negociadores enviados por Felipe González.

Es muy crítico con Vera, por ser parte de los GAL, el movimiento terrorista auspiciado desde altas instancias gubernamentales desde finales del franquismo y que cesa sus actividades gobernando ya el PSOE en España. Montero, que investigó las tramas de los GAL rastreando conexiones con los fascistas italianos, niega que el PSOE acabara con ellos. Aduce que tuvieron dos épocas, una “profesional”, sin fallos, seguramente llevada por agentes de la Guardia Civil, y otra que denomina “chapuza nacional”, en la que aparecen portugueses, marselleses, y otros mercenarios a sueldo del policía José Amedo, con Ricardo García Damborenea dirigiendo. Y esa fase última se acaba, dice Montero, cuando Francia comienza a entregar a España a etarras refugiados más allá de los Pirineos.

Volviendo a lo personal, Montero reconoce que el tener a parte de su entorno personal fuera de HB, ETZ, KAS, etc., le ayudó a volver a “socializar” y a darse cuenta de lo que estaba pasando. Su evolución personal comienza con un atentado “erróneo” en el que un chaval pierde una pierna cuando golpea a una mochila-bomba dirigida a no se sabe quién. Se da cuenta del proceso mental -parece que el chico era de familia de testigos de Jehová, “raro”-, por el cual las víctimas son matadas más allá de lo físico, un proceso como el de las purgas de Stalin, según señala.

Un texto interesante. Por mucho que difiera de este señor en los planteamientos políticos (como decir que el PNV es socialdemócrata), su evolución es la que me gustaría que siguieran los etarras actuales, a ser posible a la mayor brevedad.


José Luis Corcuera

El texto del ex Ministro del Interior del Gobierno de Felipe González, José Luis Corcuera, tiene un tema principal muy claro: defender el entendimiento con el PNV. Corcuera, pese a disentir profundamente con los nacionalistas, es consciente de que ni ellos ni los socialistas podrían hacer avanzar al País Vasco -en ningún asunto, y mucho menos en el caso del terrorismo etarra- por sí solos por mucho que pudieren conseguir una ventaja electoral de un punto porcentual, o de diez. Corcuera defiende que para las grandes decisiones en el País Vasco haya un consenso de un 770 u 80 % del electorado representado.

También defiende la lealtad para con él de diversos políticos nacionalistas, como Arzalluz o Atutxa, quien, recuerda, es el político más veces amenazado de muerte por ETA.

Otro punto importante del alegato de Corcuera es el GAL. Corcuera defiende que la versión oficial, dirigida por El Mundo, no es la real, y defiende también a la figura de Rafael Vera. No llega a disculpar el GAL, pero afirma que los momentos en que se desarrollan esas actividades terroristas el Ministerio del Interior no mira para otro lado, pero junto al GAL, actuaban en España la propia ETA, Terra Lliure en Cataluña, un grupo terrorista gallego, los GRAPO y otros gropúsculos de extrema derecha en el País Vasco. Con todos menos con ETA se acaba antes de que el propio Corcuera entrase a su cargo, afirma.

También tiene una cierta importancia el tema de las conversaciones de Argel, en cuya descripción coincide con Eguiagaray, pero con el matiz de que achaca parte del fracaso de dichas negociaciones al papel de los abogados de etarras, Txema Montero entre ellos, que, dice, Corcuera, no asesoraron a la delegación etarra para continuar la negociación. Se ve claramente que Montero no es precisamente santo de la devoción de Corcuera.

Por último, Corcuera destaca a favor del primero, la diferencia de las políticas de Fraga y de Aznar en el PP respecto al terrorismo. Según parece, con el primero el Gobierno siempre tenía todo el crédito, mientras que el segundo le avisa que con él todo, absolutamente todo, es susceptible de crítica política. Corcuera también es muy crítico con periódicos y políticos que evolucionan de modo que ahora parecen los “buenos” desde tiempos en que promulgaban cosas muy distintas. No puedo decir más porque tampoco él lo hace.

Aunque desde la teoría estoy de acuerdo con las tesis de entendimiento con el PNV, lo cierto es que la derrota del PNV durante la última década ha hecho ese entendimiento cada vez menos posible (¿y deseable? Sinceramente, me gusta verles en la oposición, y por ahora el argumento de que el PNV se ha aprovechado en demasía del socialismo vasco va ganando enteros en mí).


Rosa Díez

Esta política vasca es la primera mujer en intervenir en el libro de María Antonia Iglesias, en un refrendo, supongo que obligado, al hecho de que la política vasca “es cosa de hombres” (por desgracia, aunque quizás eso esté empezando a cambiar). No sé de qué modo ha diseñado Iglesias su trabajo, pero cada vez me parece más que enseña a cada invitado lo dicho por los anteriores, porque abundan los casos de respuestas a alusiones, sobre todo en este caso de Rosa Díez.

Su alegato tiene una forma muy marcada de conversación, no de escrito, y en cierta forma carece de una cierta estructura literaria.

Díez se dedica a hablar de sí misma, como los demás, por otra parte, a lo largo de sus diferentes etapas políticas, y a discutir lo que dicen de ella. Desde ese punto de vista es una intervención muy personal.

Hace una descripción descarnada de la forma interna de funcionar el PSE. Prácticamente la única figura socialista de la que sólo habla bien es Fernando Buesa -al que quería mucho,afirma-, y también Nicolás Redondo. De sus palabras me queda una cierta impresión que viene a refrendar lo que yo mismo he experimentado de forma más difusa las veces que he participado en cosas mínimamente conectadas con el PSE, y es el absoluto dominio de la vertiente vizcaína, al menos durante los último tiempos, y cuyos inicios Rosa Díez sitúa en los movimientos dentro del partido a consecuencia de la salida del gobierno vasco con el PNV.

Precisamente sobre esa salida Díez coincide creo que con Ardanza, al asegurar que la salida no se debe al Pacto de Estella (que a ella le decepciona también muchísimo, porque es la ruptura de la democracia por firmar el PNV con ETA), sino a un cálculo electoralista de Nicolás Redondo Terrero.

Finalmente, Díez niega cualquier resentimiento hacia el PSOE, así como una ambición desbocada, que son de lo que más le achacan desde aquel partido, afirmando que gana en UpyD cinco veces menos de lo que podría si se hubiera mantenido como europarlamentaria. Su salida a UpyD, dice, es sólo porque comprueba que las estrategias de su partido coartan el desarrollo de las ideas en las que cree, como por ejemplo algo sumamente controvertido: que el comienzo del fin de ETA pasa inevitablemente por desalojar del gobierno al PNV, partido con el que también se muestra muy crítica, ya que defender los mismos objetivos de ETA implica justificar de algún modo los asesinatos.

Una política que me gusta, su trayectoria política se podrá juzgar desde múltiples puntos de vista, pero algo me dice que su juicio del PSE como partido político es certero. Lástima que, a lo que se ve, el que ha fundado parece pecar de lo mismo que todas las formaciones políticas.


Maite Pagazaurtundúa

Maite Pagazaurtundúa es concejal socialista de Andoain cuando ETA mata a su hermano Joseba, “Pagaza”, que era policía local.

Su muerte se enmarca en la campaña de acoso de mandos socialistas y sus familias que ocurre en el País Vasco durante la presunta tregua firmada con el PNV en Estella. La conclusión que saca Maite es que el PNV, al mirar para otro lado, al no comprenderles, al no denunciar, se hacía cómplice de ese acoso. Además, dicha muerte tiene una especie de aditamentos bastante macabros: por lo visto (también Rosa Díez lo denuncia así en su texto), Pagaza había reunido información sobre comandos etarras y se los pasaba a la Ertzaintza... que los ignoraba y paraba la investigación. Cuando Pagaza se da cuenta pasa a darle esa información a la Guarda Civil y días antes de su muerte resulta marcado de alguna forma como chivato en el mundo etarra.

Quizás lo que más fastidia a Maite es esa traición del PNV, pero también expone una serie de opiniones personales sobre su partido, el PSOE, que difieren de la línea partidaria. Finalmente decide dejar la política para dedicarse al mundo de las víctimas del terrorismo.

En su alegato, al final, Pagazaurtundúa hace una afirmación que muchos en el País Vasco soslayan: ningún familiar de víctima etarra se ha levantado en armas contra ETA, ni ha tratado de hacer “justicia” por su cuenta. Todos han confiado en el estado de derecho y no se ha iniciado ninguna guerra de venganzas. Precisamente por eso, si no bastase con el terror y el dolor que les han hecho sufrir, su papel en la sociedad vasca debería estar bien claro y por encima de muchas cosas.

Coincido al 100 % con esta mujer. Mis propios recuerdos de lo que veía en televisión los tiempos que ETA presuntamente estaba en huelga, de las reacciones de personas del PNV en funerales y en declaraciones, sólo me reafirman en que en aquella época el PNV cometió las mayores iniquidades políticas que un partido que aún permanezca “demócrata” puede cometer.


Carlos Iturgaiz

Todo el alegato de Iturgaiz, presidente del PP en el País Vasco durante la década de los años 90, es un ataque directo contra el nacionalismo vasco, a quien imputa directamente por no haber apoyado, acompañado humanamente ni comprendido a su partido, a “su gente”, a causa de los atentados en que morían políticos del PP.

Si los políticos del PSOE destacan la figura de Fernando Buesa o la de Enrique Casas de entre todos sus compañeros asesinados por ETA, Iturgaiz, como no podía ser de otra forma, basa su discurso en los asesinatos de Gregorio Ordóñez y de Miguel Ángel Blanco.

El primero le sirve para hacer notar las dificultades para conseguir protección policial y escolta por parte del Consejero de Interior, Juan Mari Atutxa en aquellos tiempos. De hecho, vistas las dificultades en conseguir ese apoyo del Gobierno Vasco, el PP decide contratar de su bolsillo seguridad privada para proteger a todos sus cargos públicos. Sólo desde tiempos más recientes ese presupuesto viene de Madrid y Vitoria.

El segundo le sirve a Iturgaiz como marco para describir la inquina entre ellos y el PNV, concretamente Arzalluz. Es curioso que en un momento del comienzo de su texto hable de nacionalistas decentes y aceptables y otros directamente malos, y que a partir de escribir de Blanco afirma que no hay nacionalista bueno.

Para finalizar, Ituraiz ataca duramente a la Iglesia católica del País Vasco, que durante muchos años, dice, les negaban a sus partidarios iglesias para celebrar los funerales por los asesinados por ETA de su partido, o, por ejemplo, cuyos obispos no concelebraban esos funerales, aunque afirma que desde la retirada de Setién del obispado de San Sebastián la situación ha mejorado.

No estoy de acuerdo con muchos planteamientos políticos de Iturgaiz y su partido, pero comprendo cabalmente sus razones. El PNV no ha hecho demasiadas cosas por las víctimas hasta hace poco tiempo, y si bien es cierto que en mi opinión se aprovecharon de la situación de terrorismo en el País Vasco todo lo que pudieron y más, no es menos cierto que eso hacía rabiar lo indecible al partido de Arzalluz porque precisamente era un factor de la ecuación del poder político que se escapa a su control.


Juan Mari Atutxa

Juan Mari Atutxa es primero Consejero de Interior con Ardanza y posteriormente Presidente del Parlamento Vasco con Ibarretxe. ETA intenta matarlo al menos en seis ocasiones.

Dice de sí mismo que es un nacionalista “posibilista”, y que no odia, aunque tampoco olvida.

Explica su decisión de incumplir una sentencia del Tribunal Supremo para deshacer un grupo parlamentario de un partido que había sido ilegalizado, diciendo que no podía permitir que la institución que presidía fuese atropellada. Algo que en su día me fastidió bastante: el nacionalismo siempre se ha pensado por encima de la ley, y sagradas las instituciones políticas vascas, aunque todas dimanen de la Constitución y debieran estar sujetas y bajo las instituciones españolas. Desde ese momento Atutxa dejó de caerme bien.

Como a mucha gente, por lo que él mismo dice, que le aplaudían cuando sus ertzainas detenían comandos etarras, pero le abuchearon a partir de su incumplimiento de aquella decisión judicial.

Aunque piensa que todos los delitos han de ser perseguidos, afirma que no será posible un final meramente policial a la violencia, aunque con esta ETA no ve un final cercano, en ningún caso.

Cuando los políticos del PP hablan de manipulación de manifestaciones para ensalzar a Ibarretxe, Atutxa habla de casualidad, y acusa a los primeros de manipular a las víctimas para obtener réditos políticos.

Los atentados que más le impresionan son dos de sendos ertzainas nacionalistas, y sólo en un segunda mención habla de Miguel Ángel Blanco, como si necesitase añadirlo. En fin, un personaje de la política vasca muy respetable, pero también, en mi opinión, sumamente decepcionante. Yo lo tengo muy claro: el PP no habría podido manipular el dolor si el PNV hubiese actuado de otra manera.


Xabier Balza

El Consejero de Interior que sucede a Atutxa tanto en el libro como en el Gobierno Vasco es, hasta ahora, la figura que hace un discurso más marcadamente nacionalista e independentista. Su tesis final es que el estado autonómico se ha acabado, que si hay una reforma del Senado al poco habrá una reforma de la ley electoral que quitará poder a los grupos nacionalistas y que ante eso el PNV tiene que abrir nuevas vías para la sociedad vasca, verbigracia la consulta de Ibarretxe.

A esa conclusión llega después de rechazar rotundamente las acusaciones de ambigüedad o incluso connivencia con ETA que le lanzan desde el PP o movimientos como Basta Ya tanto a él como a la Ertzaintza. Precisamente la desconfianza que, dice, aún muestran desde Madrid hacia la policía autonómica le parece sumamente injusta y por su puesto inaceptable, ya que piensa que para perseguir eficazmente al terrorismo la Ertzaintza debería poder acudir también a Francia junto a la Guardia Civil y la Policía Nacional.

Sin embargo, el grueso del texto de Balza se basa en atacar a Mayor Oreja.

Sobre el político del PP vierte acusaciones muy graves, como que desde el comienzo está contra las treguas con ETA y que manipula para romperlas, por ejemplo con falsos acercamientos de presos durante la tregua propiciada en el Pacto de Estella, o que manipula a su voluntad los atentados contra cargos socialistas y del PP para la obtención de réditos políticos en el País Vasco y en Madrid.

Balza dedica también un buen rato a defender a Ibarretxe a cuenta de la manifestación por el asesinato de Fernando Buesa. Balza llega a decir que a él le agredieron socialistas y que la contramanifestación de apoyo a Ibarretxe dentro de la manifestación por el asesinato fue algo espontáneo ante las seguras agresiones que, dice, iba a recibir Ibarretxe de la multitud allí presente.

Balza es para mí nada más que un mensajero de Ibarretxe, y desde luego un personaje del nacionalismo vasco que detesto. Todo su discurso se basa en las diferencias étnicas y culturales del presunto pueblo vasco respecto de su entorno. Sólo le falta decir que a los que no somos o no nos sentimos vascos, que nos jodan. Incluso Atutxa hace alguna mención a que aquí vive gente muy plural, pero Balza no, no hace ninguna referencia a los diferentes, como no sea para atacarles y defenderse de sus acusaciones que cada página que lo me parecen más pertinentes. Y sobre la Ertzaintza, ni una mención a todas las denuncias que desde dentro, desde el sindicato ERNE acusan a los mandos políticos de mirar para otro lado cuando se trata de ETA. ¿También son españolistas?

Juan Mari Ollora


Este político del PNV, de dilatada carrera y que por alguna extraña razón a mí no me sonaba siquiera, es uno de los tres negociadores por parte del PNV en el Pacto de Estella.

En este texto, uno de los más cortos del libro hasta ahora, explica que según ellos el pacto sería ampliable al PSOE y al PP (aunque reconoce que una de las condiciones de ETA era la exclusión de esas fuerzas de cualquier pacto político en el País Vasco). Enmarca toda esa actividad en sus propios estudios (junto a Gorka Aguirre y Joseba Egibar) del proceso irlandés, de Québec, de Israel... Sostiene la verdad nacionalista de que Estella se intenta desde el PNV, aparte de por verse roto Ajuria Enea (la culpa de Mayor Oreja, por cierto) por un intento sincero de conseguir la paz y porque en Europa había signos... Aunque no estaba en el pacto original, Ollora reconoce que todo lo que lo rodea tiende a hacer pensar que se trata de un acuerdo para conseguir la independencia.

El fracaso, la ruptura de aquella tregua, lo achaca Ollora a que el sistema de toma de decisiones dentro de ETA es diferente al del IRA en Irlanda, así como a la carencia de verdaderos líderes mediáticos, como Gerry Adams. Desde luego no considera a Otegi el Adams vasco, principalmente porque Otegi no está en ETA, una organización en la que a pesar de tener dos partes, una de “políticos” y otra de “militares” (los que matan), son éstos los que realmente mandan.

Ollora se muestra favorable a la consulta de Ibarretxe, la aprueba y la votaría, pues piensa que hay que abrir nuevas vías ante lo que considera un escenario cerrado en el que el independentismo no puede hacer nada, pero al mismo tiempo si de él hubiese dependido no la habría propuesto, no la habría lanzado, por el rechazo ciudadano que genera.

A destacar que acierta plenamente el comportamiento del PSE tras “ganar” las elecciones autonómicas, y que se muestra sumamente pesimista respecto al final de ETA.


Joseba Egibar

Es sabido por quienes me leen que tendría dificultades en decidir qué político del PNV detesto más, si Ibarretxe o Egibar. De ambos pienso lo mismo: ambos deberían militar en HB, dada la intensidad de su independentismo y su desprecio por los cientos de miles de vascos que no compartimos las mentiras históricas ni las falacias actuales del nacionalismo vasco.

El texto de este político en el libro es un constante negar las acusaciones de otras figuras políticas vascas, un continuo defender a Ibarretxe, Arzalluz y el Pacto de Estella y en él la comprensión hacia las víctimas no nacionalistas brilla por su ausencia. Tampoco ofrece ninguna versión alternativa, como han podido hacer en sus textos otros protagonistas del libro y de la Historia vasca y española reciente.

Por supuesto sostiene que el GAL comenzó con Felipe González, que el Pacto de Estella no obligaba a excluir a los socialistas y populares del gobierno en el País Vasco, ni parece haber anotado que durante la presunta tregua que les ofreció ETA en el 98 los cargos de esos otros dos partidos estaban constantemente acosados, amenazados y agredidos, aparte de que la lucha callejera de los gamberros haciendo méritos para entrar en ETA estaba en su apogeo.

Para Egibar no hay ni pluralismo ni pollas en vinagre: sólo existe su puñetero Pueblo Vasco y las mentiras nacionalistas que mamó de pequeño. Por eso mismo no le creo ni una palabra. Poca diferencia le veo con un etarra: sólo que no es capaz de empuñar un arma.


Javier Rojo

El texto de este político socialista por Álava vuelve a basarse en una crítica despiadada de las actitudes mostradas por parte del PNV en los tiempos de Estella y, sobre todo, a cuenta del funeral por el asesinato de Fernando Buesa. De hecho, aunque todo el mundo piense o diga que la falla entre el PNV y el PSE se origina con el pacto del primero con ETA para expulsar de las instituciones vascas a los partidos constitucionalistas, lo que marca profundamente a las personalidades socialistas que he leído hasta ahora en el libro es ese atentado en el que mueren Buesa y su escolta, y sólo por una casualidad no muere también su hijo.

Nadie hasta ahora ha contado que la mañana del día del funeral por su padre, el hijo de Fernando Buesa telefoneó a Ibarretxe para pedirle una imagen de unidad, y que éste le contesta que hablasen con Arzalluz. Realmente una iniquidad tal en un político de la actualidad sólo se la puedo creer a alguien como Ibarretxe.

La manifestación por Ibarretxe dentro o simultánea con la de duelo por Buesa escenifica un marco con una ciudadanía cada vez más en contra de un nacionalismo que viene de pactar con los terroristas de modo que éstos pueden rearmarse más tranquilamente (a lo que ayuda Aznar con su frase sobre el “movimiento de liberación nacional vasco”) y que no es capaz de dar una simple muestra de cariño a los compañeros de los políticos asesinados tras esa pseudo-tregua.

Ahí, junto con Estella y junto con el asesinato de Miguel Ángel Blanco, surge de repente la necesidad de unirse PP y PSOE en una alianza contra el nacionalismo en las autonómicas de 2001. Rojo comenta que estaba de acuerdo, porque la sensación en aquellos momentos era “o nos unimos o nos masacran”, tan intensa era la intuición de una limpieza étnica por ETA contra ellos. El PNV dice que el PSOE cae en manos del PP, que éstos manipulan e instrumentalizan el dolor de las víctimas, pero no reconoce que ellos, con su lehendakari el primero, hacía ya unos años que habían abandonado el lugar que debían ocupar al lado de las víctimas. Rojo, por otro lado, reconoce que aquella alianza no se vendió bien, y que rápidamente aceptaron que la sociedad vasca no deseaba ningún choque de trenes.

Leyendo este texto de Rojo, en el que afirma básicamente que lo único que tenía que haber hecho el PNV era mostrarles un mínimo de cariño, uno puede entender mejor las heridas abiertas entre ambas sensibilidades políticas en el País Vasco, y lo difícil que resultaría para muchos socialistas aceptar pactar de nuevo con el PNV.


Nicolás Redondo

 

Este político socialista es el responsable de dos grande hitos dentro del socialismo vasco y su relación con el resto de fuerzas políticas: primero, es quien decide que su partido debe salir del Gobierno Vasco que aún compartían con Ardanza, en tiempos en que detectan que su socio de gobierno está negociando con Batasuna, y poco después con ETA para Estella. Segundo, es quien pone al PSE en una alianza electoral antinacionalista con el PP de Jaime Mayor Oreja en las autonómicas de 2001.

Redondo se define como español, no antinacionalista, y socialista no vasquista, por lo que se entiende de las últimas páginas de su relato de la situación, donde afirma que el vasquismo representado por Jesús Eguiguren y Odón Elorza era una posición enriquecedora para el PSE pero no, como ahora, su centralidad, una centralidad que no comparte.

Es un convencido de que había que echar al PNV del gobierno, básicamente porque la situación ha cambiado mucho desde los tiempos constituyentes post-franquistas y preautonómicos: en esa época era factible una colaboración del PNV y el PSOE, pero una vez asentada la democracia, a medida que pasa el tiempo cada vez es más difícil que haya sitio, fuera de las estrategias parlamentarias, para una cooperación política de calado entre las dos formaciones, ya que sus objetivos son distintos. En los momento en que se escribe el libro, Redondo afirma incluso que si hay que pactar con el PP para expulsar al PNV, se pacte, ya que el País Vasco tiene unas instituciones débiles, dice, y esos dos partidos las pueden fortalecer.

En cuanto a las negociaciones con ETA, no parece muy a favor, porque detecta que la otra parte está intentando llevar al gobierno a sus posiciones.

Se siente muy decepcionado con Arnaldo Otegi por no ser capaz de mostrar ningún gesto hacia un compañero de Parlamento asesinado por ETA, como Fernando Buesa, y como sus predecesores en el libro, Redondo ataca al PNV por su comportamiento alrededor de aquellos hechos, aunque no tan furibundamente como, por ejemplo, Rojo.

He de decir que comparto su posicionamiento identitario y que me gusta la forma que tiene de escribir, aunque el texto muestra muchas interrupciones, de nuevo como si fuese una alocución.


Patxi López

El entonces sólo Secretario General del PSE, y ahora ya presidente autonómico del País Vasco, comienza su escrito con un ataque frontal a Nicolás Redondo y la fase anterior de su partido, en la que la consigna era echar al PNV yendo de la mano del PP de Jaime Mayor Oreja. Aunque por mantener la unidad del partido López y los suyos apoyaran siempre a Redondo, mantenían sus opiniones disonantes de la del entonces secretario general socialista. Tampoco la decisión de Redondo de dimitir tras el fracaso de las autonómicas de 2001 le gustó nada a Patxi López, pues fue un momento de división del partido.

Esa unidad, o la imagen de fuerza y cohesión interna, es una preocupación constante de López, quien en todo caso admite que se puede pactar con el PP, pero siempre después de las elecciones y según la situación. También afirma, no obstante, que el PNV debe estar cerca, no se le debe excluir, pues no en vano forma con el PSE el eje sobre el que gira la política en el País Vasco.

El otro gran tema del texto del ahora lehendakari es la última negociación con ETA en busca de la paz. Se trata, dice de un proceso largo, que no se inicia con él de Secretario General, sino mucho antes. Inicialmente Rodríguez Zapatero no confiaba en López y Eguiguren, sobre todo no en este último, al que llaman en Madrid “peligroso nacionalista”. Pero con el asunto de la negociación, el Presidente español ya confía completamente en el nuevo equipo directivo o gestor del socialismo vasco, dice López que no sabe a qué se debe ese cambio, pero sí que desde que salió elegido realizó una campaña de comunicación de sus posturas con el resto de federaciones socialistas españolas e incluso con medios de comunicación.

Finalmente, aparte de Redondo Terreros, López es sumamente crítico también con la penúltima etapa hasta la fecha del PP del País Vasco, un “monolito” de críticas e insultos hacia los socialistas, y con una parte del PNV, la de Egibar e Ibarretxe, que parece les dicen a los etarras -en principio con ganas de dejarlo- algo así como que se estaban vendiendo baratos.

Parecido a la intervención de Arzalluz con los poli-milis en los años 80, ¿no?

Debo reconocer que no me ha gustado el tono del comienzo del escrito de López. Lo leía, y pensaba “¿pero cómo puede éste pensar así siendo el PP la razón última de su puesto actual?”, pero en cierto modo acepto que es una postura guiada por el aparente ídolo de López: la unidad del PSE. Prácticamente todo su texto es una diatriba a favor de las agrupaciones, de guipuzcoanos y vizcaínos, de la sacrosanta unidad de los socialistas vascos, cuyos trapos sucios, o debates, se hacen , sí, pero siempre de casa para adentro. En eso comparten miedo con el PNV...


Jesús Eguiguren

Jesús Eguiguren es el iniciador de las conversaciones con Batasuna que acaban desembocando en la tregua de ETA de 2006. Su texto está dedicado prácticamente en su totalidad a hablar del proceso de dichas conversaciones.

Por lo visto, todo comienza poco después de las autonómicas de 2001, con conversaciones informales entre Eguiguren y Arnaldo Otegi. Durante años sólo se trata de eso, pero poco a poco empiezan a unirse personalidades por ambas partes y aquello se convierte en conversaciones para ver cómo empezar a negociar. Sólo después de esos varios años y muchas reuniones se pasa a un diálogo con ETA, con Josu Ternera concretamente, y al final de todo, después de decidir que ETA y el Gobierno de España hablarían de cuestiones “técnicas” (desarme, presos,...) y los partidos políticos vascos de política, y dentro de lo permitido por la legalidad, después de ver ambas partes que a los tres años sin asesinatos se iban uniendo otros signos de que aquello podía ir en serio, el papel de Eguiguren lo toma el Gobierno, Zapatero, y él y Otegi se retiran, aunque mantienen el contacto personal.

Finalmente la mesa técnica no se inicia y otros sectores de ETA sienten, dice Eguiguren, un cierto vértigo al final de su historia y a tener que sumirse en un sistema político que no van a cambiar y en el cual no tienen más allá de un diez por ciento de los votos, mientras que el PP, lejos de mostrar la unidad de los demócratas y apoyar al presidente español, continúa sus insultos y ataques al proceso de negociación, en una actitud que poco favor le hacía al proceso negociador, que acaba por romperse definitivamente con el atentado en la T4 de Barajas. Aunque Eguiguren piensa que tanto Otegi como Ternera o Permach deseaban el final de la violencia, y que la tregua continuase, dicho atentado pone de manifiesto que hay quien en ETA no quiere seguir ese camino, como seguimos comprobando desgraciadamente año tras año desde aquel fatídico atentado.

El otro tema principal del texto de Eguiguren es defenderse de los ataques, principalmente de políticos desde Madrid (del PP pero también de su propio partido) en los que le tachan de nacionalista o incluso batasuno. Eguiguren se declara socialista, vasco, vasquista y también español. Y le molesta sobremanera que las personas que cuando él defendía la Constitución y el Estatuto en el País Vasco sin que ellos apareciesen por estar “al otro lado”, ahora le ataquen abanderando esos documentos y queriendo dar lecciones.

Personalmente, pienso que Eguiguren es el político vasco más valiente y al que más tenemos que agradecer. Su análisis de los fallos de las treguas (Argel fracasa porque ETA exige política, Lizarra porque ETA y PNV pretenden excluir a la mitad de la población vasca, y, aunque no lo dice él lo digo yo, la última tregua tiene un fallo muy importantes que es la división entre el PP y el PSOE, que sirve a ETA para mangonear) me parece muy interesante, y muestra el camino a seguir para acabar con ETA de veras: trabajo policial y judicial, una mesa técnica en la que estén representadas todas las sensibilidades, y que no haya nadie excluido al final del proceso, con dos bloques sólidos a ambos lados: demócratas y etarras. Las divisiones en ambos bandos han sido las causas últimas de que aún no tengamos la paz.

Por su parte, se declara quemado, aunque volvería a intentarlo si pudiera, y piensa que el proceso liderado por Otegi y él está acabado, que lo que sea que lo sustituya no podrá salir de una negociación como la suya, que llevó años que fructificase.

Jaime Mayor Oreja

Pasamos al relato de las cosas por este prolífico político de la derecha española. Desde el comienzo se reitera en su rechazo frontal de las aspiraciones del nacionalismo. Suya es la expresión sobre el Movimiento de Liberación Nacional Vasco de Aznar, dice, pues tanto el PNV como ETA son dos expresiones del mismo: el uno el brazo político y el otro el brazo militar, por decirlo de alguna manera.

Mayor Oreja es español y se siente español, y cree que el País Vasco es España, por lo que ve como un ataque cualquier puesta en duda de esa verdad.

Su bagaje político se caracteriza por una dureza pétrea frente a ETA, el PNV, los presos, las presuntas treguas, etc., y defiende su postura en su certeza moral de que el nacionalismo es malo, que los presos no pueden excarcelarse así como así y de la trampa detrás de toda tregua declarada por ETA.

El odio de Mayor Oreja por el nacionalismo como corriente política (mantiene alguna amistad personal con algún nacionalista, como Juan Mari Ollora) le lleva a sugerir la suspensión de la autonomía del País Vasco en caso de que el Plan Ibarretxe, la Consulta, etc., se hubiesen llevado a cabo y el PNV pedido unilateralmente la independencia o la autodeterminación.

Mayor analiza también su propio partido, y detecta que puede haber en los nuevos protagonistas de la derecha vasca no nacionalista un cierto afán por cambiar su modo de actuar y cambiar la forma de hacer política de su grupo respecto de cuando lo dirigía Mayor Oreja.

También habla de la “tregua de Estella”. Dice que no es una tregua que ETA ofrezca al PP, porque éstos se encontraron con algo que había sido diseñado y preparado por otros, el PNV y ETA. Dice Mayor Oreja que en aquellas conversaciones los de ETA (Otegi y otro) no paraban de hablar de la opresión del pueblo vasco por el español, etc., y que pese a los acercamientos de presos (103, frente a los 500 que le sugería Arriola, también del PP, creo), aquello no avanzaba de ningún modo, hasta que termina por romperse.

Me ha parecido excepcionalmente triste que Mayor Oreja ponga su puesto de Ministro del Interior por delante de la vida de un prisionero de ETA, sea Ortega Lara (liberado) o Miguel Ángel Blanco (asesinado). En ambos casos niega que tuviese oportunidad de negociar, pero afirma también que no lo habría hecho porque iría contra los principios que les sostienen como Ministro del Interior.

Mayor Oreja, por si no lo considerase así ya, me ha parecido en este texto, extraordinariamente integrista y radical. Puede que también en la acepción que habla de las raíces y principios, pero sobre todo en la de ceguera ante los detalles; Mayor Oreja es un animal político que ve las cosas tan claras que es ciego a todo lo demás, y es ese “todo lo demás” lo que de verdad importa. Puede que sí tenga razón en que el nacionalismo y ETA sólo pararán con la independencia, o en que había muchos miles de ciudadanos contentos con Franco en la San Sebastián de los años 50 y 60, pero no se puede ir por la vida denegando a la mitad de un país la posibilidad de perseguir democráticamente sus objetivos, ni poner como algo digno de elogio que él y su partido se hayan hecho demócratas y pedir en base a eso que los demás cambien. Y eso que sí que es cierto que el único partido que no ha cambiado es el PNV.

Sinceramente, pese a que los populares compartan con los socialistas el lado de la trinchera y la falta de cariño del PNV, pienso que ahora con Basagoiti el PP es un partido mucho más interesante. Y respetable.

Leopoldo Barrera

 

Hasta ahora el libro se ha ido acercando a la política vasca contemporánea, pero faltaba la visión interna de un partido que había cobrado una importancia innegable los últimos años, que ahora mismo, soportes como son de Patxi López, es la mayor de su historia en el País Vasco. Leopoldo Barreda nos da esa visión de su partido, empezando desde sus inicios.

Barreda se inicia en política en Alianza Popular, que junto a una descabezada (ETA mata a toda su ejecutiva) UCD acaba formando el PP (con la “refundación” liderada por Fraga).

Pienso que uno de los principales objetivos de Barreda con su texto es convencer al lector de la esencia pactista de su partido en España y en el País Vasco, por contraposición a la postura manejada por los dirigentes de la etapa política anterior a la actual.

Barreda achaca esa postura aislacionista a la ambición de Jaime Mayor Oreja. Como el resto de políticos leídos hasta ahora, unos cuantos ya, no le niega a su compañero de partido ningún mérito, pero está claro desde el principio que han acabado encarnando partidos diferentes, por decirlo de alguna manera.

El político “popular” describe sucintamente las épocas más importantes de la historia de su partido, desde su fundación, las posibilidades de gobernar San Sebastián con EA frustradas por el asesinato de Gregorio Ordóñez, los pactos del PP con el PNV para la gobernabilidad en Madrid, su toma de consciencia sobre la falta de voluntad de oposición, dicen, del PSOE en otras etapas, o, finalmente, el PP de María San Gil, en la que aprecia una evolución desde una mujer muy activa y atenta a todos, abierta y accesible, que entronca con lo que piensa el partido, a otra, encerrada en un círculo de asesores que parece van contra Rajoy, y llevando al partido a una postura en que toda su política se basará en las víctimas de ETA. Precisamente esto último no le gusta nada a Barreda, que siendo el portavoz parlamentario durante mucho tiempo, entiendo que se siente puenteado en ocasiones por ella y Mayor Oreja.

Me ha gustado mucho su estilo de escritura -quizás sea el texto mejor escrito de los leídos hasta ahora, pienso-, pero sobre todo una frase, o un concepto, que dice algo así como que no se puede hacer política exclusivamente victimista, esto es, exclusivamente basada en las víctimas de ETA, porque no es eso lo que desean los mismos votantes del PP o las propias familias.

Me resulta curioso que algo que dicen de María San Gil, que acabó confiando sólo en unos pocos personajes alrededor suyo, lo dicen otros también de Nicolás Redondo Terreros. Pero Barreda se extiende en los últimos momentos de San Gil en el PP, no sé si por petición de Iglesias, y sí que sabe transmitir esa idea, esa sensación de cambio en la persona. Pero también ve un cambio entre el primer Mayor Oreja con el que Barreda traba relación y el que fracasa con Redondo Terreros en 2001.

Me ha resultado un texto sumamente revelador sobre un partido del que se sabe tan poco: ¿alguien sabe o recuerda que estuvo a punto de crearse un PP paralelo en Vizcaya? Barreda tuvo que hablar con Rajoy para evitar que aquello prosperara.


Antonio Basagoiti

 

El actual presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti incide más o menos en lo mismo que el dirigente anterior, Leopoldo Barreda, y describe principalmente la evolución de su partido en la última década.

Afirma que no es que la sociedad vasca no estuviese madura en el 2001 para la apuesta antinacionalista de Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros, sino que directamente era algo en cierto modo previsible: tanto el dúo PSOE-PP como el nacionalismo democrático alcanzaron su techo de votos, pero algunos gestos del PP pudieron dejar sin votar a mucha gente afin y por su parte Ibarretxe recibió prestados 80000 votos del mundo batasuno. Curiosamente, afirma que ese antinacionalismo podía estar creando una especie de esquizofrenia a las bases del PP, que en un montón de cosas -no sólo la religión- son afines a las del PNV.

Después cuenta la historia interna del partido, dejando siempre en buen lugar a sus compañeros, pero, por comentar lo nuevo respecto de lo contado por Barreda, Basagoiti sí pone nombres y apellidos a las personas que según él peor se comportaron con el PP vasco, y las cuales, presume, son las que llevaron a María San Gil a su deriva personal (Basagoiti exculpa a la enfermedad de San Gil del comportamiento de ésta, dice que ella siempre pensó lo mismo y que lo que ocurre es que finalmente lo que le cuentan a ella que piensa el partido y lo que de veras piensa el partido se oponen como “verdades” distintas que eran.

Esas personas son, dice Basagoiti, de dos tipos: procedentes de otras escalas del PP, o periodistas afines o del ámbito del PP (carga sobre todo contra Jiménez Losantos e Isabel Sansebastián), pero todas ellas tienen un objetivo común: utilizar al PP vasco en contra de Rajoy.

Pero se encuentran con que Basagoiti, y según afirma él, un 95 % de la gente de las agrupaciones del PP, sí creen en Rajoy, a la par de con una intención ya manifiesta de muchos en el PP de cambiar su estilo, una vez visto que el PSE se les ha adelantado en esa tarea y está obteniendo nuevo buenos resultados. De modo que finalmente Basagoiti logra hacerse con el mando del partido (con el apoyo directo de Guipúzcoa, y sólo un poco después también el de Álava, que con Alfonso Alonso habían intentado proponer también un cambio pero en torno a Loyola de Palacio, una candidatura que Basagoiti no acepta porque deseaba para el partido una figura visible que tuviese vida en el País Vasco, no como De Palacio ni Mayor Oreja), y hasta la fecha.

Basagoiti, como Barreda, ve legítimo pactar con todos los partidos democráticos según en qué lugares, pues, afirma, es lo que han hecho siempre, pero no ve factible un pacto de ningún tipo con el PNV actual (recordemos, el de antes de las elecciones autonómicas).

Aunque no me guste su partido, debo reconocer que la figura de Basagoiti no me disgusta, ha logrado, junto a otros, dar un cambio a la imagen de su partido, y desde luego el pacto para el gobierno en el País Vasco de Patxi López con Basagoiti me parece bastante menos indecente y constructivo que si hubiese sido con María San Gil, por ejemplo.


Regina Otaola

Esta valerosa mujer, militante por ahora del PP, es alcaldesa en Lizarza, un pueblo donde tradicionalmente era mayoría HB, y que por las distintas ilegalizaciones de partidos afines llega a las elecciones municipales con todos los grupos políticos amedrentados hasta tal punto que ninguno se presenta en dicho pueblo durante aquel plebiscito, salvo el PP, que con catorce votos se hace con la alcaldía. En una reunión con María San Gil, Regina Otaola, que ya era concejal por el PP en Éibar, se ofrece para ocupar ese otro cargo.

Otaola se revela como una persona íntegramente radical a favor de la vida y contra los asesinatos y el terrorismo, muy digna defendiendo sus ideas, que, como ella insinúa, finalmente quizás sea más propio defenderlas en otros sitios que no en un partido político, avanzando ella misma que seguramente se vea obligada -por sus convicciones- a abandonar el PP como hizo su admirada María San Gil.

Se pueden apreciar quizás tres partes en el texto de Otaola. En una primera sitúa un poco sus antecedentes, cuenta por qué es concejal por el PP en Éibar y cómo es su relación ya en esa época con los políticos batasunos. En la segunda se dedica a hablar de su angustiosa experiencia en Lizarza, de cómo en su primera interacción con alguien del pueblo la incitan a marcharse y le dicen que no es bienvenida, de cómo intenta llevar a cabo la actividad normal de un ayuntamiento independientemente de a quién beneficies, de cómo se siente constantemente amenazada y prefiere vivir en otro lugar para no morir abrasada... Y el tercer bloque principal está dedicado a alabar y disculpar a María San Gil, a la que no para de admirar y ensalzar.

Otaola está radicalmente en contra de cualquier entendimiento con el PNV y mucho más aún de cualquier negociación con ETA, y asume que el PP actual, con Basagoiti al frente, no es ya su partido, por decirlo de algún modo, por lo que ve probable pasarse a algún grupo cívico cuando acabe su mandato, aunque también dice que no se ha planteado lo de seguir o no seguir.

Admiro profundamente a personas como Otaola, que en contra de cualquier lógica de preservación de la propia vida la arriesgan sin cesar para enaltecer sus principio incluso en un infierno de proetarras. Admiro su ilusión por servir -porque eso son los cargos públicos, servidores- a un pueblo desde sus principios y en contra de la cerrazón de ese mismo pueblo. No obstante, pienso que siempre habrá camino en que los demócratas puedan ir juntos (PSE, PNV, PP, otros) y pactar cosas técnicas, políticas si se quiere, y que de darse las condiciones al menos para pedirles directamente las llaves de los zulos hay que reunirse con ETA y parlamentar. Aún así, entiendo su radicalizada, porque el ambiente civil en el País Vasco casi obliga a ella, en un sentido o en otro.


Juan José Ibarretxe

El texto del anterior presidente autonómico es una defensa a ultranza del derecho a decidir de los vascos, sus presuntos derechos históricos y de su famosa Consulta, así como un ataque velado al gobierno español y aparentemente más directo hacia ETA.

Ibarretxe repite en este texto sus argumentos favoritos de la campaña por la consulta, como que es indigno que los presidentes de España se reúnan con ETA y no con el representante legítimo de los vascos, que es el lehendakari, sin aceptar por tanto que él es sólo un administrador del Estado español en una región concreta del mismo, y no el representante de ningún pueblo místico e inexistente, como es el “pueblo vasco” en el que creen los nacionalistas y al cual por tanto no pertenecemos los que no creemos en tales milongas; o que nadie en su partido le ha dicho que no a la consulta (incluso afirma de Imaz y Urkullu estaban a favor de la misma), cuando es público y notorio a cuántas personas de su partido molestó aquel planteamiento.

Para todos los que lean este blog está claro, desde sus mismos comienzos, que Ibarretxe es uno de los políticos que más detesto. No me creo sus arrebatos contra la violencia, ni su defensa del PNV en Estella y tras el funeral de Fernando Buesa. Es un político y la única verdad que los ciudadanos les podemos creer a esos servidores nuestros, aun siendo uno tan díscolo y excluyente como éste, es lo que muestran. Y esa presunta centralidad entre ETA y el PP y el PSOE a la que se quiere agarrar Ibarretxe es uno de los conceptos más insultantes y una muestra clara de que en el fondo los sufrimientos, más reales que todas las políticas juntas, de esos partidos, no son para él más que algo meramente secundario en su afán por hacer reales sus ensoñaciones de juventud, cuando desde su Llodio natal ya se creía todas las mentiras nacionalistas sobre un pueblo oprimido desde la antigüedad.

El texto de Ibarretxe no es más que un discurso, autocomplaciente, autoexculpatorio y que traslada a los demás todos los males del país, mientras que incide en la mentira de que la prosperidad vasca proviene sólo de los vascos, sin hacer mención nunca de todo el dinero que pone allí España.

Xabier Arzalluz

Como era de esperar, el texto del político más veterano del nacionalismo vasco, la figura más activa de la política vasca, es una negación y rectificación constante de todo lo afirmado por socialistas, populares e incluso otros políticos de su partido.

Ya retirado -presuntamente, otros no nos lo creemos- de la política activa, Arzalluz reniega de algunos políticos nacionalistas: llama paranoico a Garaikoetxea e imbécil a Ardanza, desmiente a los que otros por él llaman “michelines” (Azcuna, Atutxa incluso), dice que nunca creyó en Ímaz y sólo alaba a dos figuras del nacionalismo, que como era de esperar, son Ibarretxe y Egíbar.

Arzalluz cree firmemente que lo principal es el partido y no el lehendakari, que al final el que tiene que mandar es el partido, o más que mandar, controlar. Es un signo claro de esa manía que tiene el PNV de ser el partido que lo controla todo. Frente a algunos de su propio partido que en su texto del libro le disculpan del choque con Garaikoetxea, él sí deja claro que la escisión del PNV del 86 en PNV y EA tiene un componente de choque entre esa visión del partido, que él encarna e implementa y la de Garaikoetxea, que pretendía que el lehendakari fuese más independiente.

Del mismo modo, el texto de Arzalluz minusvalora de algún modo a Ardanza, diciendo que en cierta manera tuvieron que hacerle sentirse más de lo que era, darle más confianza de la que él tenía en sí mismo. Por contra, pone por las nubes a Ibarretxe a cuenta de su Plan, y en cualquier caso explica que el cambio de presidente autonómico siempre es un trauma para el partido, como dando por supuesto -hasta estas elecciones así ha sido, de todos modos- que saldría elegido. Precisamente eso demuestra otra de las muchas cosas que no me gustan nada del nacionalismo, su soberbia y su actitud como benevolente hacia ese mismo pueblo vasco que dicen defender a capa y espada.

No le gusta nada en absoluto que afirmen que PNV y ETA son lo mismo, de hecho comienza su relato afirmando que el nacionalismo vasco lo inventa el PNV en esencia y símbolos y que es ETA quien se apropia de esas palabras y símbolos para proponer un proyecto violento que en nada se parece a lo que propugna el PNV, que es, afirma, un partido democrático y antiviolento. No obstante, a mí no me deja de venir la sensación de que los sigue considerando gente a la que recuperar.

Finalmente, frente a los que afirman que ha cambiado y que ahora es mucho más radical que antes, replica que no, que siempre ha sido así, pero que frente a cada opositor político hay que actuar de forma diferente. Está claro para mí que Arzalluz es un gran animal político, cínico, manipulador y mala persona como él solo.

Estoy deseando que pase esta generación de políticos amargados justamente por la guerra civil e injustamente por una serie de ideas paridas en el seno de las élites religiosas y que de ningún modo representaban en su nacimiento el sentir general de unas gentes que no se sentían en absoluto en conflicto con el resto de España. Mientras esa generación, y presumiblemente la de sus hijos, no se retire de la política y acepte que los tiempos están cambiando y ningún nacionalismo tiene sentido, habrá un problema vasco: de unos vascos con otros.


Iñaki Anasagasti

El texto de este parlamentario del PNV en Madrid es sin duda, de los nacionalistas, el que más me ha gustado. Si Arzalluz niega todo aquello de lo que acusan al PNV desde Madrid o desde otros partidos, Anasagasti, sin dejar de admirar la figura política de Arzalluz, lo confirma.

Iñaki Anasagasti comienza su texto hablando de si mismo y de su familia, de cómo la guerra civil española les obliga a sus padres al exilio. Pero se mete rápidamente en la harina de los últimos años en el País Vasco. Reniega rotundamente de pactar o siquiera hablar de política con Batasuna, ANV, cualesquiera que sean las siglas que empleen cada vez, si no reniegan a su vez de la violencia, y con ETA.

Le parece una barbaridad que el PNV se siente en Estella bajo el prerrequisito de expulsar a los partidos “españoles” de las negociaciones y de las instituciones, y reconoce que uno de los grandes problemas de su partido es no aceptar como vascos también a los políticos y votantes de esos partidos. Además, revela que esas negociaciones son algo que parte directamente de ETA para Arzalluz, y que no se discutió nada de las mismas en el entramado institucional interno del PNV.

Como tampoco, afirma, ha ido Ibarretxe a discutir para nada de su Plan. Anasagasti achaca al anterior presidente autonómico que se jacte de ser dialogante y luego se mueva siempre como por encima de los de su partido, sin dialogar ni compartir ideas con ellos.

Quizás el personaje al que más tirria personal muestra Anasagasti sea Joseba Egíbar, al que sitúa sumamente cerca de la izquierda “abertzale”, afirma que se muestra demasiado tibio en las condenas a ETA y revela que ha tenido fuertes enfrentamientos personales, pues Egibar no reúne tanto apoyo en el partido como se presupone. Donde sí tiene poder es en Guipúzcoa, donde por lo visto ha defenestrado a todos los miembros importantes del partido allí que apoyaron a Josu Jon Imaz, también guipuzcoano, pero con otro espíritu político.

DE ïmaz y de Urkullu dice Anasagasti que debería ser el partido los próximos tiempos, si se quiere un partido predecible y de provecho, mientras que si la corriente que se decantase principal fuese la de Egíbar e Ibarretxe, Anasagasti dice que el partido sería impredecible.

Son interesantes sus análisis de cómo se ve al País Vasco y al nacionalismo en la política madrileña. Afirma que sin terrorismo seríamos irrelevantes, y que el PNV sólo ha sido decisivo e importante cuando lo han necesitado, concretamente en la última etapa de Felipe González y en la primera de Aznar. Fuera de eso, todos han preferido pactar con partidos catalanes.

Anasagasti mantiene una incomprensible lealtad hacia Xabier Arzalluz pese a que éste le desprecia públicamente. Le admira muchísimo y piensa que podría ser un capital humano imprescindible para el PNV en Europa, en el tema ideológico, por su experiencia, incluso dice que por lo bien que escribe, y definitivamente no comprende qué le ocurre después de Estella, aunque piensa que el cambio se puede producir a raíz de los primeros insultos desde Madrid, adonde Arzalluz no vuelve a partir de un cierto momento, pese a haber sido con anterioridad un personaje querido e impactante.

Anasagasti me parece una figura minusvalorada del nacionalismo vasco, al que las vivencias junto a otras personas en otras tierras y a otras escalas diferentes de la del “terruño” han dotado de una moderación interesante, que el PNV haría bien en escuchar en estos tiempos de indefinición con Urkullu.


Josu Jon Imaz

Imaz fue el más alto cargo dentro del PNV aparte del lehendakari durante cuatro años. Son los años posteriores al primer Plan Ibarretxe, los de la tregua de ETA con Rodríguez Zapatero y los de la consulta de Ibarretxe. Precisamente es el apoyo del partido a ese proyecto que él no comparte lo que al final le induce a no presentarse a la reelección y lo que precipita el nombramiento en su puesto de Íñigo Urkullu.

Imaz, en la misma línea que Anasagasti, piensa que no se puede permitir que ETA se meta en la política vasca, que hagan política y atentados a la vez. Pero a la vez que afirma sus diferencias con el partido, también dice que siempre se han portado bien con él y que ha recibido el cariño de muchas personas, incluso de los que no comparten su decisión de marcharse.

Imaz participa en la última tregua de ETA. Se une junto a Urkullu en una segunda fase de las negociaciones, en Loyola. Según Imaz, el asunto se rompe cuando ETA, después de muchas horas de negociación, y de mano de Arnaldo Otegi y Rufi Etxebarria deciden romper con todo lo acordado hasta cierta fecha y exigir una constitución para el País Vasco y Navarra, algo absolutamente inasumible y ciertamente imposible de pedir para incluso el PNV.

Imaz, como el resto de personas que hablan en el libro sobre esa misma tregua, afirma que vio en sus interlocutores verdaderas ganas de llevar aquello a buen término, de acabar de una vez por todas. Sin embargo alguien en ETA se asusta ante el paso que podían dar, ante la realidad de luchar políticamente con sus apoyos electorales reales, sin las armas detrás, y ETA rompe la tregua y finalmente atenta contra la T4 en Barajas.

Imaz observa a partir de ese momento que su partido, en lugar, como él deseaba, de deslegitimar y arrinconar por completo a ETA, de mostrarles el rechazo que se merecían, se vuelca en intentar hablar con ellos, comprenderles, apoyarles, sacar políticamente sus objetivos. Y eso le molesta mucho, hasta el punto de verse fuera del proyecto encarnado en ese momento por los líderes del PNV, Ibarretxe y Egibar. Ante eso, y como él, según dice, no está en política para conservar el poder, sino para mantener su posición política y sus principios, decide no volver a presentarse a presidente del PNV.

Imaz piensa que la situación vivida en estos tiempos por el PNV no es comparable a la de la escisión de los años 80, pues él en lugar de provocar un choque decile irse por su propia voluntad. Imaz es nacionalista y no podría aguantar ser responsable de algo similar.

Sin embargo, no es sólo en el asunto ETA en lo que Imaz se diferencia de la corriente principal entonces en el PNV, la encarnada por Egibar e Ibarretxe. Imaz, aunque nacionalista, comprende que en el País Vasco vivimos muchos que no nos sentimos (sólo) vascos, que la identidad de español es tan respetable como la de vasco y que para construir una sociedad que avance hay que articular de algún modo todas las sensibilidades posibles. Eso le lleva a no desear en absoluto una confrontación con España, con Madrid, ya que en el fondo, afirma,esa confrontación no es de vascos con Madrid, sino de unos vascos con otros. Precisamente huyendo de esa confrontación Imaz propone en un momento dado que hay que “seducir” a España, ante lo cual se produce una comprensible bienvenida a un nuevo “nacionalista razonable” en Madrid, y que en su partido haya quienes le achaquen traición, y haber sido él el seducido por España.

En mi opinión, Imaz es el político nacionalista que mejor podría haber llevado el país, el que merecía sustituir a Ibarretxe, aunque con su cargo y por la política interna del PNV, no lo habría podido hacer. Representa la única parte del nacionalismo vasco que no me disgusta por completo y que considero respetable. Pese a que dedica casi un folio a perjurar que al menos en el futuro próximo no piensa volver a la política (ahora preside Petronor), su vuelta sería el único peligro para Patxi López, pues a falta de que el PNV decida cómo evolucionar, si seguir con la bicefalia y a lo peor un Egibar de candidato a presidente autonómico, o si hacer que Urkullu rompa la bicefalia, es el único político nacionalista de su nivel al que seguramente respeten o admiren todos los electorados de los partidos vascos. Aunque también hay quien lanza globos sonda con que podría colaborar en el gobierno de Patxi López...


Íñigo Urkullu

Este políticos nacionalista es el actual presidente del PNV. Su intervención en el libro es en cierto modo complementaria de las de Anasagasti e Ímaz, pero es quien más marcadamente acusa al anterior presidente autonómico, Ibarretxe, de ir por libre y por encima del partido.

Urkullu dedica una parte importante de su texto a su participación en las negociaciones con Batasuna durante la anterior tregua etarra. Él, con Ímaz, y con el rechazo tanto de Batasuna como del PSE a que se una a ellos Ibarretxe, se incorporan a una segunda fase de las negociaciones, dice Urkullu que tras sendas “peticiones” de las otras partes en la negociación ante lo que se consideraba un parón de mal agüero en el proceso. Urkullu describe a Otegi y Etxeberria, sus interlocutores en el otro lado como personas al principio convencidas de que aquello iba para adelante, pidiendo no imposibles, sino cosas en principio tratables o incluso asumibles por Rdríguez Zapatero, y que se decían plenipotenciarios para negociar, afirmando que lo que allí se decía les ataba de pies y manos en su mundo.

Pero llega un fatídico día de noviembre, tras demasiados avisos por ETA de que se estaba rearmando, con un único objetivo posible, en que ambos batasunos llegan a la reunión con un nuevo papel que en nada de parece a lo acordado anteriormente. No se trata siquiera de que fueran cosas inasumibles por el PSE o Rodríguez Zapatero, sino que el mismo PNV, los mismos Urkullu e Ímaz ven que aquellos dos en realidad están plenamente tutelados por los de las pistolas y que lo anterior a lo sumo habría sido un enorme ejercicio de voluntarismo, y las negociaciones se rompen, estallando finalmente la tregua en Barajas, como todos sabemos.

Quizás haya otros dos grandes temas en el discurso de Urkullu, Arzalluz e Ibarretxe, o quizás uno solo, que podríamos titular “PNV”. Como con todos los políticos nacionalistas del libro (en realidad como con todos los políticos que no han pasado por el mundo “abertzale”), Urkullu se muestra totalmente temeroso de las escisiones, recuerda la del 86 con dolor y puede llegar a temer otra dada la situación actual del partido. Curiosamente sitúa muy bien el origen de esos miedos, y una raíz: las escisiones en el PNV están acompañadas de la bicefalia y de la “exterioridad” al partido de los “lehendakaris”. Urkullu no se mete con ese hecho, pero afirma que los problemas surgen porque en su partido (dice que en todos) no existe cultura democrática, una cultura del debate y de la disidencia sana. Lo que muchos sospechamos: que los partidos, y el PNV en especial, son lo menos democrático de la democracia partidista.

Por lo visto -yo no lo recuerdo, ni puedo prestar el 100 % de mi atención al PNV-, en el proceso electoral interno en el que Ímaz resulta elegido, Arzalluz juega doble: por un lado afirma que Egibar es su candidato a sustituirle, pero al mismo tiempo que Egibar e Ímaz -propuesto por el EBB, Euskadi Buru Batzar, máximo órgano del partido- él mismo se presenta, y decide retirarse sólo en una segunda vuelta en la que detecta que las cosas no van como él desea. Todo ello después de que en 2001 diera marcha atrás a su postura durante la escisión del 86 y coronase a Ibarretxe como líder absoluto del nacionalismo...

A Urkullu no le conozco lo suficiente, o no lleva en altos cargos del PNV con visibilidad exterior lo suficiente como para que me haya sugerido grandes pensamientos o emociones, así que haré cas a los que dicen que está en la órbita de los nacionalistas razonables como Anasagasti o Ímaz, pero tampoco ha hecho nada que me permita decir que como político nacionalista no me disguste...


Patxi Zabaleta

Patxi Zabaleta es ahora político del partido Aralar, que tiene representación en el País Vasco y en Navarra. Pero su dilatada carrera se inicia con los primeros partidos clandestinos del final del franquismo y tiene como primer hito principal la fundación de HB, de Herri Batasuna, en la llamada “Mesa de Alsasua”, en 1978.

Fundada para perseguir de forma política el objetivo del independentismo, es rápidamente fagocitada por ETA, en una tendencia que no gusta nada a Zabaleta, pues no quiere estar supeditado a gente armada. Esa molestia le hace salir en dos ocasiones de la Mesa Nacional de HB, su máximo órgano, la última de forma definitiva después de haber liderado una corriente de opinión, disidente con los métodos de ETA, que después se fraguará en el partido político Aralar. Formación que por cierto no gusta nada a la otra parte de la llamada izquierda abertzale, la que nominalmente apoya a ETA, aunque Zabaleta dice que allí dentro hay muchos en contra de la lucha armada. Esa inquina se traduce en amenazas hacia él y en sabotajes a su partido durante las elecciones.

Zabaleta también participa en los trámites de la última tregua de ETA, aunque es crítico con todos los actores: con el PSOE porque por fin adquiere el protagonismo central (no tenerlo, insinúa, es lo que hace que no entre en Estella, no por una exclusión del PNV como les conviene a ambos partidos hacer creer), con el PNV porque “entra a cazar moscas”, o sea, básicamente para mantener el poder, y con ETA porque no se pueden pedir imposibles.

Aralar, con Zabaleta al frente, es una formación “abertzale” y de izquierdas que reclama el final de la violencia, que intenta pasar su mensaje a todas las capas de aquel mundo, incluidos los presos, y Zabaleta creo que hace algunas observaciones muy finas sobre el porqué del mantenimiento del apoyo social a ETA. Por un lado está todo el tejido familiar y social cercano, y además una perversión de la lógica proveniente del tiempo de los GAL (que achaca directamente a Vera y a González), en que el Estado reaccionaba violenta e ilegalmente ante ETA: ¿cómo no apoyar las acciones violentas si el estado les ataca violentamente? Como posible vía de deslegitimación o de ruptura de ese círculo vicioso, Aralar ha propuesto la instalación en las comisarías de sistemas que graben en todo momento a los detenidos, desde su entrada en poder del cuerpo policial que sea, de modo que las cintas luego estén disponibles para su defensa. De ese modo se acabaría con la tortura y con los rumores y denuncias por tortura, que Zabaleta ve como “alimento” de ese victimismo psicológico del mundo batasuno.

Aunque no coincida con los fines políticos de este hombre, no dejo de admirar su resolución de tomar su propio camino y renunciar a la lucha armada. Me alegra que alguien con esas tendencias le pida a ETA el final de su actividad a cambio de nada. Ojalá le hicieran caso.

 

M@k, el Buscaimposibles

17/08/2009

Libro: “Lenguas viperinas y soñadores tranquilos. Rivalidades que estimularon el avance científico”, de Michael White

En mi incursión veraniega de este año en la Historia, elegí este libro como ejemplar representativo de la Historia de la Ciencia. No puedo decir que me haya decepcionado, pero tampoco me ha encantado.

La tesis principal del autor (un inglés de extraordinario parecido físico con el entrenador holandés de fútbol Luis Van Gaal) es que las rivalidades entre diversos científicos a lo largo de la Historia han propulsado el avance científico. Para ello nos presenta varios casos de genios de la Historia de la Ciencia y nos muestra cómo la rivalidad -sea personal, nacional o ideológica- de esos hombres elevó el conocimiento humano a nuevas cotas. Sin embargo, cuando hace un epílogo a modo de resumen final en el que introduce nuevos nombres, no puede afirmar rotundamente esa tesis. Y es que en realidad, lo que demuestran los casos que expone White es que si esos personajes hubieran colaborado, en lugar de competido o rivalizado, el avance de la Humanidad, o al menos de los conocimientos científicos de la misma, habría acelerado más de lo hecho realmente. Leía lo que escribía White y me asombraba de que no se diese cuenta de que cuando afirmaba que Tesla y Edison, por ejemplo, tenían personalidades y capacidades complementarias, no llegase a la conclusión de que si el primero,en lugar de engañarlo, hubiera colaborado con el segundo, luego no habría sido derrotado por Westinghouse con la iluminación urbana a base de corriente alterna, la cual, además habría llegado antes. Lo mismo que cuando afirmaba que los problemas entre Newton y Leibniz se debieron en parte a la manía del genio inglés por el secretismo. Tampoco ahí ve White el camino hacia el paradigma actual de la colaboración en la Ciencia, y todo su libro se basa en contarnos los contactos -más bien choques- de los mayores “trenes” de la Ciencia cuando ésta era una actividad humana básicamente individual y solitaria.

De hecho, cuando llega a la ciencia del siglo pasado, ya colectivizada y basada en el trabajo en equipo y la colaboración, White expone unos cuantos ejemplos para seguir diciendo que lo que impulsaba a todos aquellos hombres y mujeres -en el Proyecto Manhattan, en el Proyecto Apolo, en el descubrimiento de la doble hélice del ADN- era la competición y la rivalidad, aun cuando ya pasamos a una rivalidad entre países, potencias y equipos de científicos.

Sin embargo, cuando a uno se le ocurre un buen caso de rivalidad científica personal a finales del siglo XX, el asunto del descubrimiento del virus del SIDA, que además podría haber constituido una extensión lógica del hilo del libro por las Ciencias de la Vida, White no lo sigue y plantea la rivalidad, hoy ya casi olvidada en estos tiempos de Google, entre Bill Gates y Larry Elison (fundador de Oracle) para afirmar que el adelanto científico en estos tiempos seguirá siendo estimulado por la rivalidad, pero ahora entre grandes corporaciones.

Para mí el libro es un completo fracaso a la hora de refrendar la tesis de su autor, porque en casi todos los casos rezuma la idea de que la colaboración entre los presuntos rivales habría conseguido un avance científico más rápido y con menos efectos colaterales negativos, pero sí se puede ver en las “vidas paralelas” -creo que bien investigadas por White- en que se basa el libro una cierta evolución en la forma de realizar la Ciencia, desde las habitaciones personales de Newton hasta los laboratorios actuales de Microsoft (interesante la visión crítica de White hacia esa compañía) pasando por los egos en competición del Proyecto Manhattan o los choques de Huxley con la Iglesia Anglicana. Y quizás sí que esté en lo cierto en eso de que a partir de ahora serán las corporaciones las que propulsen la Ciencia como nuevas detentadoras que son del poder económico.

M@k, el Buscaimposibles

 

(Ha habido suerte: pesqué terminal en el telecentro de Monroy :P).

 

10/08/2009

Libro: “La estrella de Pandora”, de Peter F. Hamilton

La contraportada de un libro es prácticamente la única ventana de que dispone un lector para asomarse al universo que aquél encierra, cuando lo ve en una librería. Puede hojearlo, sí, pero sin duda lo que diga en esa parte del libro lo inclinará por añadirlo a su cesta de compra o por dejarlo para otra ocasión o incluso, sine die.

Cuando en una contraportada aparecen a la vez términos como “estrella”, “desvanece”, “agujeros de gusano” o “sellar un sistema estelar entero”, el incauto amante de la ciencia-ficción que escribe esto sólo puede hacer una cosa: comprar.

Y al contrario que alguna otra contraportada traicionera, la de este libro no lo es. “La estrella de Pandora” es una recreación realista -dentro del realismo del que puede hacer acopio una novela de este género- de una civilización humana que lleva tres siglos desde que salió del Sistema Solar merced a una revolucionaria tecnología de agujeros de gusano y, sobre todo, dotada del rejuvenecimiento, o la capacidad de volcar todos los recuerdos y pensamientos en cuerpos más jóvenes cada pocas décadas.

La novela transcurre así en una amplia panoplia de planetas congruentes con la vida humana que han ido abriendo a la colonización los técnicos de la empresa -única- detentadora de los derechos sobre la tecnología de los agujeros de gusano. Es apabullante la diversidad que Hamilton desarrolla para esos varios cientos de planetas poblados por gente, una Humanidad galáctica que ya ha entablado relaciones con otros organismos inteligentes, pero que desarrolla también muchos de los antiguos vicios. Una civilización que está en un punto de estancamiento de su expansión por culpa de la falta de verdadera juventud y del riesgo. Muy pocos románticos para continuar la exploración, y muchos personajes tremendamente poderosos que han ido adquiriendo poder a lomos de la Bolsa y de las relaciones entre ellos.

Es en ese momento cuando detectan que un sistema estelar -o mejor dicho, dos- ha cesado de brillar en el visible, y lo hace en menos de un día. Sendas barreras de un radio de treinta unidades astronómicas encierran dos estrellas en un claro y colosal acto de inteligencia alienígena. Se envía una nave capaz de navegar más rápido que la luz -a lomos de agujeros de gusano que ella misma crea- para explorar dicha barrera.

Se acaba el libro y no se sabe aún cómo se ha desmantelado la barrera, ni cómo reaccionará, o si podrá hacerlo, la Humanidad ante el furibundo ataque de la civilización alienígena antes encerrada. El final del libro deja en el aire -literalmente- a tres exploradores a bordo de una balsa en un planeta plano -al cual han llegado siguiendo los misteriosos senderos de los elfos-, cayendo por su borde hacia el halo de agua que lo rodea; una investigación policíaca para atrapar a un terrorista y a un supuesto alienígena que podría estar detrás de toda la trama, y decenas de batallas en planetas cuyos nuevos habitantes han destrozado para poder habitarlos y explotarlos salvajemente.

Es obvio que espero con ansia encontrarme pronto la traducción al castellano de la continuación de esta obra, cuyo estilo, entre la “novela río” y las mejoras obras de Tom Clancy, me ha encantado.

Decía al comienzo que me parecía una recreación realista, y lo cierto es que de todos los imperios galácticos con humanos que nos ha generado la ciencia-ficción literaria o cinematográfica, éste de Hamilton me ha parecido el más plausible, y también el más plural y detallado. Aparecen apellidos de todas las procedencias, geografías que no se limitan a los Estados Unidos, y hasta perduran las marcas tecnológicas de la actualidad (Ferrari, Mercedes, Saab...), en una muestra quizás de que el autor no es estadounidense. También me ha gustado mucho la descripción de la raza alienígena enemiga y del sistema de “internet emebebida en el cuerpo” por el que todos los edificios, vehículos y personas están permanentemente conectados a la “unisfera”.

O lo permanentemente que lo permitan los ataque con bombas nucleares que reciben una veintena de planetas de la Federación procedentes de agujeros de gusano que se abren y cierran instantáneamente una vez han dejado caer su carga mortífera.

M@k, el Buscaimposibles

(¿A que se nota que estoy frente a un teclado? :P - publicado desde el telecentro de Monroy)

22/07/2009

Libro: "El libro de la gramática interna", de David Grossman

Bueno, espero que se frene pronto esta mala racha de libros que no me aportan nada. Es lo que me ha vuelto a ocurrir con este inclasificable "libro".

Resumiendo mucho y rápido, se trata de las elucubraciones, imaginaciones y vida entre los once y los quince años de Aharon, un niño de Tel Aviv justo antes de la Guerra de los Seis Días, que deja de crecer. Al chaval, que recibe suficiente leña mental de su familia -sobre todo de la madre- por no crecer, no se le ocurre más que observar los cambios que se generan en el resto de chicos de su edad, manifestándose una madurez que nunca le llega, y martirizarse por ello.

El libro relata el constante declive psicológico del chaval, que a partir de unos capítulos antes del final no deja de autoinfligirse lesiones, tampoco sabe muy bien por qué, pues no sabe apreciar la excelente inteligencia social que posee, ya que es capaz -por lo menos al comienzo de la novela- de detectar qué están pensando los demás, así como de descubrir situaciones extrañas. Por no hablar de su más que fértil imaginación.

Sin embargo, de esas observaciones sobre la vida de un niño preadolescente encerrado entre su culpabilidad y la de su madre por algo de lo que ninguno es culpable, pasamos a una serie de capítulos autodestructivos que no me han gustado demasiado.

No sé si seguir internándome en la narrativa israelí. ¿Algún consejo?

M@k, el Buscaimposibles

19/07/2009

Libro: "Despierta y lee", de Fernando Savater

Un libro que pensaba era otra cosa, pero que no me ha decepcionado, aunque haya partes que no me ustan, no en vano Savatr es ateíta y yo católico.

En esta obra el filósofo vasco más conocido y controvertido hace un repaso de su pensamiento filosófico y político basándose en sus lecturas y autores preferidos. Dejando aparte el tema de la fe, hay otros, multitud, en que coincido cin él, como el antinacionalismo o el gusto por la literatura fantástica y la ciencia-ficción.

Poco más puedo decir de esta colección de columnas, artículos cortos y discursos de Savater. No puedo decir que haya sido la lectura filosófica que más me haya llenado, porque no sé tampoco si puede caer en esa categoría, ni voy a comenzar una carrera contra el reloj para conocer de primera mano los autores que recomienda el donostiarra. Simplemente, quede aquí registro de esta lectura.

M@k, el Buscaimposibles

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