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31/10/2009
Universos paralelos
Cuatro y diez. Salgo de Magisterio tras haber dejado los bártulos. Calorcito. Llego hasta la altura de Branka, me vuelvo y me siento frente a la playa de Ondarreta. Ha refrescado y hay mucha bruma, que en esta parte de la Bahía se dirige hacia el mar, mientras allá lejos una nube baja amenaza tragarse el Buen Pastor.
Olanna consigue el perdón de Kainene tras la infidelidad. Las dos hermanas se encuentran en sendos campos de refugiados. Bebé adquiere supersticiones y liendres de sus nuevos compañeros de juegos, pero gracias a los regalos de un encargado del puesto de Cáritas ha superado su enfermedad. Odenigbo comienza su caída, y Ugwu está enfadado con Eberechi.
Sigue refrescando, pero hasta unos muy cómodos 18º. Sigo la línea del paseo, adelantando unas veces a un grupo, adelantado otras veces por otros. Abundancia del inglés, quizás más que otros días. La niebla es menos potente que la del otro día, y no llega a ocultar la Isla de Santa Clara. Cuando has presenciado lo excelso, lo bonito te parece mediocre. Alderdi Eder, qué gran nombre para uno de los lugares más bonitos que conozco. La temperatura anima más al paseo que a la contemplación, y los bancos están vacíos. Mejor.
Ugwu ha sido reclutado a la fuerza a la segunda oportunidad. De algún modo siente, sin embargo, que quiere luchar por Biafra, que Biafra representa lo bueno de su vida de criado de Odenigbo y Olanna. Participa en operaciones contra soldados nigerianos, los malvados "hausas" -él es "igbo", como la mayoría de los biafreños, pero la guerra pervierte hasta a los más nobles. Odenigbo cae en la bebida. Richard es la voz que ahora llamaríamos "2.0" del régimen biafreño, quien explica a los extranjeros el porqué y el cómo de la situación. Su apellido, Churchill, y su piel, blanca-inglesa al comienzo de la novela, no impiden que aprenda igbo y se considere biafreño como el que más. Kainene y él son felices, dentro de lo que cabe. Las dos "familias" se encuentran finalmente en el mismo campo, tras unos cuantos y destructivos bombardeos nigerianos a cargo, dicen, de pilotos rusos y egipcios, desde aviones vendidos por Gran Bretaña...
Una cuadrilla de adolescentes a los que milagrosamente aún no ha invadido el virus del alcohol, se sientan cerca, arman bulla -como debe ser- y juegan al balón. La calle es suya, pero la lectura suele requerir ambientes más tranquilos. Además mi rodilla va bien, así que sigo mi ruta: puerto, Aquarium, Plaza de Guipúzcoa, pincho de jamón y vaso de agua - ¡madre mía, 1,75 €!- en un bar de la misma, siempre muy concurrido, decorado con reproducciones artísticas "modernas", y que bajo los soportales tiene dispuestos bastantes bancos. Una madre da el biberón a su bebé. Toca esperar al autobús "Hondarribia - San Sebastián" de las siete menos cuarto, que siempre llega tarde, en este caso se convirtió en el siguiente. Me voy con un amargo sentimiento: San Sebastián seguirá ahí. Biafra ya sólo existe en libros como el que sigo leyendo en el autobús, mientras dos señoras, una española y otra argentina, comentan sobre ambos países y la Historia cruzada de sus gentes.
M@k, el Buscaimposibles
10:54 Anotado por: Mak MAKYGREGOR en Personal e intransferible | Permalink | Comentarios (0) | Trackbacks (0) | Email esto
| Tags: yo, san sebastián, biafra |
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