06/07/2009

Contra los nacionalismos periféricos españoles

Llevo unos días discutiendo muy provechosamente en Facebook en torno al "derecho a decidir", sobre todo en el País Vasco. Sin duda mis contrincantes dialécticos saben cómo decir las palabras que dejen la discusión en un aparente punto sin retorno para quien se les oponga, ya que es bastante difícil aceptar ser el malo de cualquier película, y en estos temas dado que al ser español sería uno de los que coarta su presunto derecho a decidir qué hacer con esta parte del mundo, sin duda me instalo en ese rol.

No sé cómo será en el resto del mundo, donde yo diría que -y fijaos si es grande y diverso el planeta- hay menos procesos divisorios de países que en España, pero aquí lo del derecho a decidir proviene, al menos, de una falacia.

La democracia en España se ha desarrollado tarde, y muchos dicen que poco. Yo añado que sólo se ha desarrollado para minorías muy menores, pero eso va aparte. La cuestión es que ese desarrollo democrático ha sido como es porque ha estado constantemente tutelado y controlado por los dos grandes partidos de nuestro país. Y una de las bases para ese control ha sido la generación del mensaje de que cuanto más cerca crea tener la ciudadanía su ámbito de decisión, control, particpación, mejor para nosotros, pero sobre todo, mejor para los partidos políticos. ¿Nadie ve que aparte de la Seguridad Social -y no por mucho tiempo-, no hay más estructuras supra-autonómicas en España que PP y PSOE? Si hasta IU es una amalgama de una realidad que anteriormente fue española y ahora son diecisiete microrrealidades autonómicas.

Y sí, es otro discurso hecho a medida de la gente, ¿quién no quiere poder influir en su barrio, ciudad, provincia, comunidad autónoma? Si es ahí donde tendrá vecinos e intereses la mayoría de nosotros... La cuestión es: ¿no te das cuenta de que afianzando esa impresión de cercanía -que por otro lado viene siendo completamente falsa: a ver si alguien puede pedirle audiencia al presidente autonómico sin la venia del partido de turno, o a ver si sin ella es capaz la sección autonómica de obrar a sus reales ganas-, te están robando por lo menos el que sepas que aún perteneces a un país más grande en el que poder influir, que es esa pertenencia y esa capacidad de influencia lo que en última instancia te permite -hasta ahora, a partir de ahora ya no- disfrutar de los mismos derechos en Murcia que en Jerte, en Fuenterrabía que en La Coruña. o en Alcalá de Henares que en Guecho?

En los lugares con nacionalidades adicionales ese discurso ha calado especialmente hondo, y las élites nacionalistas del lugar lo han adoptado y dotado de la parafernalia del victimismo. "Queremos decidir sobre lo de aquí", "¿quiénes son los de Zafra para poder decidir sobre nosotros", etc., son frases más o menos comunes que avanzan psico-políticamente la colocación de fronteras más tangibles con las que sueñan los nacionalismos periféricos.

Idealmente, es difícil luchar contra esa dialéctica, como decía al comienzo. Pero, ¿y qué pasa con mi derecho a decidir? Yo también lo tendré, puesto que estamos en democracia, ¿no? ¿Por qué -he aquí mi principal objeción a los nacionalimos periféricos- debo dejar que corteis mi derecho a decidir sobre cómo quiero que sea mi país, que es España?

No veo esa pregunta -ni mucho menos la respuesta- por ningún sitio que se hable de política, pero la independencia de Cataluña o del País Vasco respecto de España supondría que millones de personas dejaríamos de poder decidir sobre el país al que nos sentimos pertenecer, y no, eso no ocurre en el estado autonómico de que nos habíamos dotado y que sin referendum ni nada nos han convertido en un estado federal disfrazado -¿quiénes? Precisamente: los partidos políticos nacionales-. Evidentemente el nacionalismo es excluyente, y sí tiene respuesta a mi pregunta: "iros a Madrid".

¿Qué camino seguiremos, una vez constatado que seguir por la dialéctica del derecho a decidir implica negarles ese derecho a otros muchos, así como cercenarles su patria, país, nación, unidad política a la que pertenecen? ¿Alguien por las altas esferas con fuerza suficiente para parar esto, dar marcha atrás y volver a proponernos a todos un proyecto común, en el que cada cual pueda seguir influyendo tanto sobre su entorno más inmediato como sobre esa comunidad de intereses que nos englobase a todos? No podemos repetir la desgraciada historia de las taifas, no porque ahora nos vaya a invadir nadie (aunque tampoco se sabe) sino porque a los individuos de las especies sedentarias es la unión, no la desunión, lo que les da las fuerzas para sobrevivir, y los españoles, sea cual sea su comunidad autónoma, somos especialmente sedentarios.

Entre los nacionalismos periféricos, eliminadores de derechos ajenos para conservar indefinidamente el poder local -sin parar de chupar del tarro global, claro está-, y un europeísmo casi ni incipiente, sólo un nacionalismo español inclusivo e incluyente y que proponga proyectos comunes -no miles de microporyectos a las microrrealidades autonómicas- puede hacernos avanzar y progresar a todos. Pero por ahora, sólo tenemos dos partidos nacionales, ambos ocupados en retener las sedes del poder local en su color, uno además intentando engañarnos sobre la crisis y el otro sobre lo que haría para solucionársela a sus bases -los ricos y poderosos de siempre-. Triste situación.

M@k, el Buscaimposibles