02/07/2009
La rutina del parado bloguero
El viernes pasado acabó la tercera etapa de colaboración de esta unidad productiva con la entidad educativo-cultural-económica denominada UPV - EHU. Creo que ha sido la que mejor me he sentido sirviendo y atendiendo a los usuarios. Desplazándome entre centros, disfrutando después del horario laboral del frescor de El Antiguo y el calor de Ondarreta y La Concha, percibiendo además un salario, en lo económico y en lo social, muy atractivo. Solamente me habría gustado más si hubiese participado en proyectos bien interesantes que se están llevando a cabo, pero no me contratan para eso. Seguramente haya sido mi mejor etapa laboral en los 1300 días contabilidados a cotización por Hacienda. Pero se ha acabado. Soy, o en breve seré, un número más contra Rodríguez Zapatero (conste que, obviamente, no lo hago a posta).
Por mis ambiciones personales en esto de la blogosfera, desde octubre he dedicado prácticamente todos los días de vacaciones que me correspondían a participar en saraos, reuniones, encuentros, más reuniones... incluso entrevistas de trabajo. No sé si he conseguido algo de lo que no sé si me proponía, por ahora no, la verdad, pero si los proyectos en que se encuadraban esas reuniones han avanzado, me alegro. Yo, la verdad, he acabado destrozado. Atender, escuchar, escribir, resumir o callar. Viajar, pensar, volver a escribir, exprimir el móvil o el portátil, y sobre todo mis horarios vespertinos, compaginando en alguna ocasión trabajo, bloguerío y euskaltegi (¡bien!, el año que viene ya no tendré esa losa encima) en alguna jornada más dantesca que productiva, o trabajo, caminata y curso de verano, en jornadas de 18 ó 19 horas... Bueno, que necesito un descanso. Dormir. Jugar al Civ. Caminar, por el gusto de caminar y superarme. Ver algo en el ordenador o incluso la televisión. Ir a la playa. O a colgar carteles (tenemos dos habitaciones libres por 142,50 € al mes, para el curso que viene). Quedar con amigos, eso sí, por la tarde, las noches ya son para dormir (esoty acabado). Y sobre todo, permanecer un mínimo de una semana en el mismo sitio, a ser posible sin coger ningún medio de transporte. Centrar el universo propio, las neuronas que aún quedan activas, situarlas en la noble tarea de la preservación de la cordura, y reposar ideas. o simplemente dejarlo todo en blanco y vegetar un rato cada día.
Ya habrá tiempo de desesperarme por las ofertas que no avanzan en Infojobs, por el móvil silencioso de gente reclamando visitas al piso, o de análisis que puedan trastocar aún más mi vida.
Me voy a echar la siesta.
M@k, el Buscaimposibles
14:41 Anotado por: Mak MAKYGREGOR en Personal e intransferible | Permalink | Comentarios (5) | Trackbacks (0) | Email esto
| Tags: yo, paro, blog, rutina |
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