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12/09/2008

Traficantes de personas

El próximo sábado unos cuantos blogueros y otros, menos, políticos del País Vasco, e incluso alguno venido de lejos, nos vamos a reunir en el Parlamento Vasco para intentar transmitir a los segundos lo que "lo 2.0" puede aportar a la política.

Eso es lo que verá un observador imparcial, quizás la cámara que registre el evento o el servidor por el que pasarán esos unos y ceros si alguien de fuera los solicita.

Pero cada persona allí lo verá de su propia y personal manera.

¿Y cómo lo veo yo, así a un día y pico del evento?

Pues tengo algún escrúpulo. Me veo como una especie de mafioso tratante de carne humana. Por un lado los que hemos promovido y trabajado en este evento sabemos muy bien lo que queremos, y también que es un desideratum demasiado alejado de la realidad como para llegar a él "rápidamente". Sin embargo, queremos, necesitamos embarcar inmediatamente a cuantos más políticos en nuestro sueño, y les hablamos de cosas que, a decir verdad, y por dejarlo claro en algún sitio, hoy por hoy no existen, al menos del color como se nos presentan en nuestos sueños. Porque hablamos de políticas más participativas cuando la gente no participa, pues no tiene esa cultura; o de comunicación síncrona y asíncrona cuando la gente, la mayoría de la gente, se sabe comunicar sólo como siempre se ha hecho, hablando; o de escuchar a la gente, sus conversaciones, cuando las personas que lo deberían hacer no pueden entrar en un bar sin llamar la atención -y a lo peor vaciarlo- (¡demonios!, es que hay bares a los que ni siqueira pueden entrar), ni en un foro sin que automáticamente las alarmas y vicios trolleros de los participantes del foro no salten ni se desmadren. Y el político sólo tiene en mente "el poder". Vamos a dejarlo ahí, o incluso pensar que es "el poder de hacer cosas por la gente" (ya veis qué modosito estoy con esto). Y de algún modo ven algo de los síntomas que como imágenes de opulencia ponemos delante de ellos: participación en redes sociales, miles de amigos, miles de personas a las que hacer llegar el mensaje de forma personalizada, tribunas adicionales desde la que dirigirse al vulgo, que te van a leer, ya verás, en nada vas a tener miles de suscriptores, ¿de qué?, de seguidores, serás una estrella también en la blogosfera, ¿dónde? Entre quienes escriben, ah. Ocultamos con malas artes las corrientes del Estrecho, lo 14 km. de mar profundo y el céfiro cínico y cruel que a veces lleva y otras aleja las embarcaciones de la realidad, porque nadie (o un 99,9 % de nadie) entra a internet (léase blogs, redes sociales, chiringuitos varios) a leer a un político. Porque los que escribimos en internet somos una minucia con ínfulas de montaña, meros intelectualoides con por lo general peores pulgas que significación, y la peor meritocracia que ha parido la Historia. (Y eso siendo clemente, ;->).

Pero nada nos detiene. Ni a ellos, los políticos, que necesitan llegar hasta la otra orilla -el ciudadano- ni a nosotros, los mafiosos que conocemos la realidad y queremos enriquecernos -bien que no con dinero-, y que ponemos en sus manos inexpertas cayucos navegables pero traicioneros en forma de feisbuks,tuiters,tuentis, blogs, wikis, videoblogs, etc., en la vana esperanza de que el político de turno se embarque, si hay suerte a los mandos de alguno de nosotros como dinamizador/patrón, y que si no por el espíritu, lo tengamos con nosotros por las herramientas, tan redondeaditas, suaves de colores ellas.

La parábola, la frivolización que acabo de hacer no es correcta. Mientras que el auténtico drama de la migración se cobra auténticas vidas humanas, aquí el coste de que algo salga mal no lo afronta el político, ni siquiera su gabinete de prensa. Lo afrontamos nosotros, los blogueros, los internautas, como se demuestra viendo el desencanto patente de algunos, más experimentados, versados y con más palos a su espalda que uno. Si Politika 2.0 sale mal (y eso que en el temor de eso aún no hemos determinado cómo evaluar nuestro intento), casi podré dar por echado al vertedero un período de mi vida de más de una semana dedicada a escribir aquí y allí, dialogar, discutir, asumir, reconocer, comunicar, etc. Y como yo, tal vez otros que han puesto aún más de sí mismos, como podeis ver en el fantástico blog de Politika2.0, una cualidad que no viene de su autor, sino de los gigantes a cuyos hombros se ha subido. Y sería una pena, porque el pasaje que cobraríamos al migrante político que llegase hasta el ciudadano con nuestros métodos sería simplemente un sueño cumplido, algo de enorme valor y nulo precio.

Ahora bien, sí, lo 2.0, en sus múltiples realizaciones, es algo imparable, una mezcla de mar arbolada y tormenta tropical desaforada, pero como cada hito histórico, le corresponderá a una generación... que no es la de los políticos actuales, nacidos en los años 50, 60 y 70, ni tampoco la de los blogueros más jóvenes y activos que os puedan venir a la cabeza. Todos nosotros somos inmigrantes digitales en alguna medida, y por mucho que nos disfracemos, nuestra cultura aún, ya, no es la que corresponde al monstruo social que será lo 2.0 en toda su gloria manifiesta. Así pues, estamos lanzando un mensaje para los políticos que de aquí a diez años entren en las divisiones jóvenes de los partidos, y lo que realmente conseguiremos, a algún nivel macroscópico, es que no se nos lleven por delante. Que encuentren algo reconocible en sus gobernantes (porque ésa es la principal desgracia de la juventud, saberse listo para actuar y estar bajo las capas llenas de gente mayor que llegó antes), en la sociedad de viejos atados a diez cachivaches electrónicos que se van a encontrar y que por cariño nos dejen pervivir culturalmente.

¿Por qué he hecho esto, entonces? Porque la esperanza, incluso en alguien tan propenso al cinismo a veces como soy yo, es lo último que se pierde, y porque ya que cada uno elige sus causas perdidas para hacer más emocionante su vida, mi forma de no someterme es precisamente ésta (entre otras).

Y quizás sea una forma interesante de cerrar un año bloguero demasiado cercano al mar político desde otra ocasión también en Vitoria. Un ciclo que dure un año escaso está bien, ¿no?

(Mis compis aprendices me disculparán, saben que no siempre veo la cosas e un gris tan oscuro, así que no te asustes, amable lector/a, y si puedes ven con nosotros mañana al Parlamento).

M@k, el Buscaimposibles

01:42 Anotado en Personal e intransferible | Permalink | Comentarios (0) | Trackbacks (0) | Email esto | Tags: politika2.0, yo

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