« Fin de temporada | Página de inicio | Estadísticas de julio de 2008 »

31/07/2008

Conste que no lo digo yo

Y conste también que las cifras y porcentajes que siguen son números objetivos:

 

Yeltsin es visto por la historia más como un bufón corrupto que como un hombre duro y de aspecto amenazador. Pero sus políticas económicas y las guerras que promovió para protegerlas contribuyeron significativamente a aumentar el recuento de víctimas de la cruzada de la Escuela de Chicago, una cifra que no ha dejado de aumentar sistemáticamente desde lo sucedido en Chile durante los años setenta. A las víctimas del golpe de octubre perpetrado por Yeltsin, hay que añadir el elevadísimo número de muertos en las guerras de Chechenia (según las estimaciones, unos 100000 civiles). Ahora bien, las mayores masacres que precipitó el anterior máximo mandatario ruso  fueron aquellas que se produjeron  "a cámara lenta", pero con una mortandad mucho mayor: me refiero a los "daños colaterales" de la terapia económica del shock.

Nunca tantas personas han perdido tanto en tan poco tiempo sin que existiera una hambruna, una plaga o una batalla de grandes proporciones. Desde el inicio de la "transición" hasta 1998, más del 80 % de las granjas y explotaciones agrícolas rusas habían quebrado y, aproximadamente, unas 70000 fábricas de titularidad estatal habían sido clausuradas, dejando como rastro una auténtica epidemia de desempleo. En 1989, antes de la terapia de shock, vivían en la Federación Rusa bajo el umbral de la pobreza (es decir, con ingresos inferiores a los cuatro dólares diarios) dos millones de personas. A mediados de la década de 1990, cuando los "terapeutas" del shock ya habían administrado su "amarga medicina", eran 74 millones de rusos y rusas los que vivían por debajo de ese umbral, según el Banco Mundial. Eso significa que de lo que verdaderamente pueden vanagloriarse las "reformas económicas" rusas es del empobrecimiento absoluto de 72 millones de personas en sólo 8 años. En 1996, el 25 % de los rusos, (casi 37 millones de personas) vivían en una situación de pobreza calificada de "desesperada".

Aunque millones de rusos han salido de la pobreza e estos últimos años -gracias, sobre tdo, al aumento de los precios del petróleo y del gas-, la infraclase de las personas pobres de solemnidad se ha convertido en un fenómeno permanente en Rusia (y con él, las enfermedades relacionadas con ese estatus de marginación). Pese a lo miserable que era la vida durante el comunismo -con unos pisos sobreocupados y dotados de insuficiente calefacción-, los rusos disponían de una vivienda; en 2006, el gobierno reconoció que, en el país, hay 715000 niños sin hogar (una cifra que, según UNICEF, alcanza en realidad los 3,5 millones de niños y niñas).

Durante la Guerra Fría, la generalizada incidencia del alcoholismo era siempre señalada en Occidente como prueba de que la vida bajo el comunismo era tan deprimente que los rusos presisaban de grandes dosis de vodka para soportarla. Con la llegada del capitalismo, sin embargo, los rusos beben el doble de alcohol del que solían beber y se están aficionando también  a otro analgésicos más contundentes. El zar antidroga de Rusia, Aleksandr Mijailov, dice que el número de consumidores se incrementó en un 900 % entre 1994 y 2004 hasta alcanzar los 4 millones de personas, muchas de ellas adictas a la heroína. La epidemia de la droga ha repercutido también en la incidencia de otro asesino silencioso: en 1995, un total de 50000 rusos eran seropositivos al VIH. En sólo dos años, esa cifra ya se había duplicado; diez años después, según UNAIDS, casi un millón de rusos y rusas eran seropositivos al VIH.

Éstas son las muertes lentas, pero también las hay rápidas. Nada más introducirse la terapia de shock en 1992, el ya de por sí elevado índice de suicidios en Rusia empezó a aumentar; en 1994, punto álgido de las "reformas" de Yeltsin, la tasa de suicidios escaló hasta situarse casi en el doble de lo que registraba ocho años antes. Los rusos también se mataban entre sí con mucha mayor frecuencia: en 1994, los crímenes violentos se habían multiplicado por más de cuatro.

"¿Qué ha ganado nuestra patria y su pueblo con estos quince criminales años anteriores?", se preguntaba Vladimir Gusev, un académico moscovita, en una manifestación prodemocrática en 2006. "Estos años de capitalismo asesino han matado al 10 % de nuestros habitantes". Y lo cierto s que la población rusa se encuentra en franco (y acelerado) declive. El pais pierde aproximadamente unos 700000 habitantes al año. Entre 1992, el primer año completo de terapia de shock, y 2006, la población de Rusia menguó en 6,6 millones de habitantes. Hace tres décadas, André Gunder Frank, el economista de los de Chicago disidente, escribió una carta a Milton Friedman acusándole de "genocidio económico". Actualmente, muchos rusos describen la lenta desaparición de sus conciudadanos y conciudadanas empleando términos similares.

 

Naomi Klein, "La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre", Editorial Paidos, páginas 318 - 320

 

El énfasis en el formato es mío. (Es que decir "las negritas son mías" no me parece correcto en este contexto ;->).

Cuando terminé de leer lo anterior, sólo pude decirme que lo tenía que traer al blog, siquiera copiándolo yo mismo, como así he hecho. No puede describir el grado de hartazgo y de miedo que me está procurando el libro de la activista canadiense. Hartazgo, porque cada vez que luego veo en los medios alguna noticia alabando no sé qué elemento neoliberal del "sistema", se me revuelven las tripas al pensar en todos los auténticos fracasos (por ser blando, y no incidir como ella en lo del genocidio económico, que comparto totalmente) de este sistema aspirador de riqueza y de vidas de personas pobres para mayor regusto de los ricos. Y miedo porque sé perfectamente que un país como España, pequeño y dividido en mil flancos distintos, poco podría hacer en el caso de que las multinacionales se planteasen destrozarlo como, acudo al libro, han hecho con el Cono Sur americano, Polonia, Rusia e Irak, entre otros países.

Sobre los párrafos que he copiado, decir que la segura respuesta de cualquier neoliberal estaría en la corrupción y el presunto "carácter ruso". A lo segundo respondo yo que eso se llama racismo. A lo primero, recomiendo seguir leyendo el libro de Klein desde esas páginas, donde se da una respuesta muy fácil de entender: por supuesto que hubo corrupción, y los que la lanzaron fueron los mismos reformistas enviados por USA-FMI-BM-..., también muchos bien corruptos ellos mismos. Uno no se corrompe solo... ni si de repente le ponen delante de la nariz toda la riqueza de un país.

He elegido estas páginas sobre Rusia, pero realmente el libro expone muy bien un continuo de consecuencias similares para todos los países invadidos por la caterva de genocidas de Friedman.

Recomiendo este libro especialmente a Raúl, y a todos los que quieran conocer algunos entresijos de la historia mundial reciente.

M@k, el Buscaimposibles

19:05 Anotado por: Mak MAKYGREGOR en Libros, Política | Permalink | Comentarios (1) | Trackbacks (0) | Email esto | Tags: Naomi Klein, Rusia, "La doctrina del shock", capitalismo genocida, genocidio económico, suicidios, SIDA | |  del.icio.us | | Digg! Digg |  Facebook

Trackbacks

La URL para efectuar un trackback en esta nota es: http://makgregory.blogspirit.com/trackback/1602907

Comentarios

Pues me lo apuntaré.... que se ponga a la cola! :)

Anotado por: Consultor Anónimo | 01/08/2008

Dejar un comentario



Los comentarios tardan en publicarse, no hace falta que lo reenvíes si no aparece de primeras. Muchas gracias por comentar y compartir tu opinión.