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13/09/2007
La A8, el mar y el triste color amarillo
Ya siento estar tan hiperlocal e hiperactivo entre ayer y hoy, pero a veces las cosas y los pensamientos se apelotonan que es un primor.
Ayer regresé a Irún después de otra intentona fallida de presentarme a un examen, y del mismo modo que no sé ya cuántas veces más antes, cogí el Alsa y recorrí la que es la columna vertebral de mi país vasco (así, sin mayúsculas, para denotar que hablo de un lugar bajo mi prisma, seguro de que los que se desplazan entre las otras capitales tienen su propio nervio ciático -por las molestias que seguramente les cause- particular, hincado en la tierra a veces arcillosa y otras kárstica de este lugar del mundo).
El viaje transcurre invadiendo antiguos montes con sus antiguos bosques, de modo que a los lados de la autopista discurren, muchas veces interrumpidas por valles y por ciudades, otras dos vías de comunicación exquisitamente verdes, llenas de árboles, que aunque sean pinos, a mí me llenan de serenidad. Cuando estoy fuera, ese verdor es lo que recuerdo y lo que me hace echarlo de menos, incluso a pesar de algunos de sus habitantes. Y sí, las orillas de la A8 también son vías de comunicación, pero en este caso para los diversos ecosistemas, o los restos que queden de ellos, que ocupaban el lugar a sus anchas y ahora se ven obligados a compartirlo con nosotros, habitantes o viajeros, pero siempre contaminantes en extremo.
Sin embargo, la A8 va a aumentar drásticamente su superficie debido a los dos carriles adicionales, uno en cada sentido que ya se están construyendo, y como éste es un país sin sitio, y la A8 no iba a ser menos, esos dos carriles se van a construir a base de quitarse de en medio decenas (literalmente) de montes, colinas, altos, lomas y sus correspondientes prados, bosquecillos y laderas. Ayer, de hecho, cerca ya de Irún, vi lo que nunca: el suelo de un bosque a la vera de la A8, al lado del suelo de lo que será uno de esos nuevos carriles, lleno de un color amarillo claro y vacío de vida. Las mandíbulas y las ruedas-oruga de las máquinas habían hecho heridas que dejaban a la luz la epidermis del lugar. Ni siquiera en Extremadura, lugar infinitamente más seco, he visto un color amarillo tan feo. Era casi blanco.
Quiso la casualidad que precisamente ayer saliese en las noticias que se va a inaugurar una de las llamadas "autopistas del mar", una ruta marítima entre Brujas y Bilbao que cuando esté plenamente operativa transportará entre ambas ciudades 100000 camiones al año, evitando así su paso por la A8, y previsiblemente por Irún. Teniendo en cuenta que cuando eso ocurra el tráfico de camiones por Irún parece que estará sobre los 25000 ¡por día!, ¿a nadie más le parece que la influencia medioambiental de la autopista del mar es ridícula y que lo que se pretende es hacer negocio para el puerto de Bilbao (por ejemplo)? Como idea me parece magnífica, pero habría que aumentar el número de "autopistas", y aún mejor, abrirlas a todas las compañías de transporte, y no sólo a las más grandes, pero eso es harina de otro costal.
Es curioso, porque también ayer oia que en el gobierno de Zapatero no se había dado ninguna competencia más al País Vasco, que la última fue con Aznar y fue precisamente la de la A8. ¿Cuándo han empezado las molestias para los usuarios, las obras realmente innecesarias (el verdadero tapón de la A8 no está en ella, sino en territorio francés), los aumentos anuales del peaje y la disminución anual de la calidad del viaje, por no hablar de los desprendimientos y de los continuos y crecientes atascos a la entrada de Bilbao y de San Sebastián? Como le decía medio en broma medio en serio a uno de mis compañeros de piso, que Dios nos coja confesados cuando "tengamos" las Cercanías...
A todo esto, mientras la imagen de mi querido país se retorcía a lágrima virtual viva, pensaba en el tren, por un lado la verdadera o al menos más prometedora vía de solución al problema de transporte y medioambiental que sufre la CAV, y por otro el caballo de batalla de los más radicales anti-todo de este lugar del mundo, que no hacen más que oponerse a las obras del Tren de Alta Velocidad independientemente del trazado, y a los cuales no he oído ni una sola propuesta ni protesta contra el desastre muchísimo más extenso e intenso que provocan y aún seguirán provocando durante mucho más tiempo las obras de la A8. Porque con autopistas del mar que unieran Pasajes, Bilbao y Santander (perdón, borrad lo de Santander, es que uno piensa todavía a nivel español, que cabeza la mía, como si la A8 se llamase del mismo modo después de Vizcaya) con Burdeos, Brujas, Rotterdam y otros muchos e importantes puertos, y con unas líneas de alta velocidad que nos uniesen de veras al resto de Europa y al resto de España de forma rápida y económica, y que pusiesen al ¿millón y medio? de vascos de las conurbaciones de San Sebastián, Bilbao y Vitoria a media hora de distancia en tren unos de otros, la A8 podría seguir con sus dos carriles, sin obras y con peajes menos caros. Ah, y la frontera no estaría tan abocada al embotellamiento como lo está ahora.
Pero claro, ¿quién quiere estar más rápidamente unido con España y al mundo, y exponerse así al cambio -qué miedo, qué horror-, al intercambio de ideas -seré apóstata y satánico...- si a cambio dejamos de alimentar las fortunas de los de Europistas, perdón, Bidegi? Si es que tengo unas ideas... de bombero.
M@k, el Buscaimposibles
19:50 Anotado en Política, Reflexiones, Tecnología | Permalink | Comentarios (0) | Trackbacks (0) | Email esto | Tags: Bilbao, Irún, A8, País Vasco, Brujas, autopistas del mar, competencias
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