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21/04/2007

Los violines no son para el metro

Seguramente habreis leido por algún periódico en línea, o visto en algún informativo interesante como La2 Noticias, sobre aquel experimento llevado a cabo para el New York Times por uno de los violinistas más afamados y mejor considerados en el mundo de la música actual (la de verdad, no la de la SGAE). Se trataba de ver cuánta gente a la salida del metro de Nueva York se sentiría atraída por una pieza musical interpretada con un buen violín por este señor, al menos lo suficiente como para pararse un momento en su trajín.

Curiosamente, fueron más los que le echaron mecánicamente alguna moneda que los que se pararon a escuchar su música: parece que sólo lo hizo un joven.

Es un experimento interesante, mucho más, creo yo que por el mero hecho en que se quedó el Times sobre si la Humanidad actual sabe apreciar la Belleza.

Claro que sabemos. ¿Por qué lo duda alguien? Si me pongo como ejemplo, el mismo centro de mi alma que se conmocionaría al ver la mujer más bella del mundo, lanzaría señales igual de fuertes al escuchar Karmina Burana, alguna de las Sinfonías de Beethoven, o algo de Bach o al ver alguna obra artística visual (es que en eso tengo aún menos educación artística, lo siento). Pero si estoy a punto de perder el transporte que me deje en mi casa a una hora razonable, o si necesito llegar pronto al trabajo para que no me echen, ¿quién  espera que me pare? A lo sumo tomaré nota y confiaré ilusamente en que ese buen caballero siga ahí o me lo encuentre más adelante.

Pero también las prisas y el "primum manducare, deinde filosofare", son algo superficial al hecho de que casi nadie se detuvo a escuchar aquella maravilla. 

Hay, en mi opinión algo más: somos animales visuales. Nuestro oído se ha ido atrofiando, o quizás los centros del cerebro encargados de asimilar la información auditiva han ido cediendo recursos al "cortex visual", porque estamos mejor dieseñados (hm, esperad, borrad eso, "mejor preparados", quería decir) para absorber, procesar y comprender imágenes que sonidos. Si además esa pieza de violín se tocaba entre sonidos ferroviarios y el rum-rum de miles de personas en hora punta, ¿por qué la sorpresa del resultado?

Estoy convencido de que si el experimento hubiese tenido mucha más componente visual, el artista se habría visto más recompensado (ojo si habeis leído la nota del NY Times: el artista decía que se sentía mucho más gratificado si alguien le escuchaba que si alguien le dejaba alguna moneda, a ver si toman nota esos avaros de la SGAE). Por ejemplo, considerad estas tres posibilidades:

- En lugar del mejor violinista de no sé qué orquesta, la mejor entre ellos.

- O una violinista sin más, a medio vestir.

- O nada de violines: la belleza de un cuerpo bien formado, femenino o masculino.

¿Alguien piensa que los neoyorquinos no habrían prestado más atención a un tal espectáculo?

Si ya hace años se hablaba del "homo videns", creo además que por un autor español (perdonadme las lagunas de memoria, pero debí de escucharlo en lugar de verlo...).

M@k, el Buscaimposibles 

20:11 Anotado por: Mak MAKYGREGOR en Reflexiones | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: música, vista, oído, Neva York, New York Times, violín | |  del.icio.us | | Digg! Digg |  Facebook

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