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22/11/2006

Curiosa jornada

Hoy es miércoles (sí, ya sé que es obvio), y si me lo permitís, el segundo mejor día de la semana laboral después del viernes, pues al igual que ese otro día, trabajo una hora menos. Aunque por otro lado, sin horario de comida (como solemos decir los que solemos quedar para comer, "hoy no comía").

Suelo aprovechar los miércoles para dar atención a dos pequeños centros de la UPV en San Sebastián, aunque mejor habría que decir dos pequeños cajones de sastre de la UPV, pues allí tienen su sede varios "institutos vascos de", alguna "academia vasca de", cátedras varias y organizaciones diversas con las que la UPV tiene el tipo de relación que sea, que eso a mí no me incumbe. Dichos centros se conocen como villas, y están muy a la entrada de San Sebastián, en lo que debió ser el barrio señorial, porque las edificaciones son elegantes y bien hechas, protegidas en muchas ocasiones por frondas y jardines que rebosan tranquilidad hacia un exterior plagado de tráfico a y desde la capital. Si se sigue la carretera, se intenta entrar en San Sebastián por el surfero barrio de Gros (creo recordar, pues ya sabeis que quiero ser el primer tipo al que le implanten un GPS en el cerebelo, dada mi extrema torpeza orientativa).

Pues bien, hoy sólo tenía una incidencia bastante larga probablemente (limpiar de virus varios ordenadores) y otra que se presumía corta por imposibilidad técnica o por facilidad de configuración (y es que la UPV se ha adherido a una red wifi universitaria protegida y cifrada, a la cual cualquier agente universitario se puede conectar con el mismo usuario y contraseña sea cual sea su ubicación, y después de unos diez mensajes de mail y en tablones, y de varias webs al efecto, los profesores - usuarios aún no se han enterado de que las redes wifi que había hasta ahora están en proceso de desaparecer). En la otra villa sólo había un IE que no funcionaba bien, lo cual ha sido lo único que he podido cerrar, pues como suele pasar tan a menudo con estas cosas y ese programa en concreto, se había arreglado solo.

Hete aquí, sin embargo, que en la primera villa no había nadie a quien pudiera ayudar: un congreso en el Palacio Miramar debía de haberse tragado a los de los portátiles, y la del wifi era una doctoranda a punto de dar a luz su tesis, con lo cual justo esta semana no iba a pasarse por allí. Día cómodo, entonces, ¿no? Pues no, ni hablar del peluquín, pues en la segunda villa estaba agazapado, esperando, negro él, con alguna luz verde de aviso "Soy venenoso", un ordenador Dell.

Bueno, ni sé la de cosas que le hemos hecho para intentar instalarle un cliente para control remoto (perdón, supervisión remota, que lo otro podría asustar a Julen, por ejemplo). Dos personas desde la central de mi servicio y yo frente al monstruito en cuestión nos hemos pasado la mañana tocando, retocando, instalando, desinstalando, reinstalando, sacando la cmd, poniendo varios VNCs, sacando a relucir el registro, cambiando nombres aquí y allí..., para que al final lo arreglásemos de la única forma posible.

En informática, por lo general, hay dos formas de arreglar las cosas (y no, no son esperar a que se arreglen solas ni apagar y volver a encender - por muchas veces que eso llegue a funcionar): tener una idea genial y seguramente merecedora de varios premios internacionales, o encontrar a la persona que tuvo esa idea. Es lo que nos pasó, y sí, queridos amigüitos del Windowsylamadrequeloparió: el problema estaba en el registro, aunque antes yo me había pasado cuarenta minutos pasándole un testeador de memoria al cacharro para ver si estaba definitivamente malito, con el resultado de que estaba mejor que yo. 

¡Y aún así dejé a gente en la central al mando del capullodelordenadorylamadrequelotrajomilveces, sin haber conseguido instalar el dichoso cliente!

Pues eso.

M@k, el Buscaimposibles 

19:23 Anotado en Personal e intransferible | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: sucedidos, informática, currelo

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